Quién es el obispo desatanudos del peronismo que abrió las puertas a Fernández y Georgieva

El rol dentro del peronismo, la política argentina y en el Vaticano de Marcelo Sánchez Sorondo, el influyente obispo argentino que está en Roma desde antes de que llegara Francisco.

Hay un "papismo" en Argentina. Mejor dicho, hay varios movimientos que reconocen un liderazgo del papa Francisco, Jorge Mario Bergoglio, desde diferentes perspectivas y según la oportunidad. Lo reconocen ahora que está en el Vaticano con tanto ahínco como lo rechazaban cuando era arzobispo de Buenos Aires y tenía posiciones claramente confrontativas con Néstor Kirchner y Cristina Fernández.

El liderado por Felipe Solá el de índole ligth, más religioso, y promueve el estudio de las encíclicas papales surgidas durante la gestión del pontífice argentino. Lo acompaña desde sus tiempos críticos al kirchnerismo, ya que también lo fue, como Alberto Fernández, hasta que dieron un salto en el aire.

Los papistas más rabiosos, sin embargo, se basan en el manejo del ajedrez político que tiene Bergoglio y, argentinísimos, admiran su picardía más que sus mensajes: entienden que lo que dice es pronunciado para disminuir adversarios más que como doctrina que debe ser cumplida. Se agrupan en la Multisectorial 21F y tienen una red en todo el país organizada por el exlegislador porteño Gustavo Vera, titular de la Fundación Alameda. En Mendoza, lo conduce el sindicalista del Casino Martín Caín.

Qué dijeron Fernández y Georgieva tras la reunión que mantuvieron en Roma

Sin embargo, es el empresario que gerencia el reclamo de los camioneros, Hugo Moyano, su salvoconducto de poder sindical más importante en Argentina.

No son los únicos lazos argentinos con el máximo poder de la "Santa Sede", ya que Juan Grabois ya venía asesorando a organismos que responden al Papa desde hace tiempo, hasta que hace poco se le otorgó un cargo de diferente rango en la estructura que podría considerarse un remanente del Imperio Romano, en donde la democracia podrá ser promovida en los discursos, pero jamás ejercida.

Gustavo Béliz tiene vínculos por otro lado y desde hace tiempo, pero también asesora a la Casina Pio VI, la sede de la Pontificia Academia de Ciencias y de Ciencias Sociales, que lidera otro argentino, influyente allá y acá, poderoso y portador de un apellido con pasado ultranacionalista en Argentina. Se trata de Marcelo Sánchez Sorondo, hábil políticamente y con capacidad de tomar decisiones y reunir gente prominente cuando lo necesita (como fueron los casos de Lionel Messi o Stephen Hopkins, por citar un par de ejemplos, que está en Roma desde mucho antes de que el apellido Bergoglio sonara como papable y que aquí maneja los hilos de la CGT, apadrina al 21F de Vera, invita a jueces y exjueces a disertar habitualmente en congresos a los que convoca a afines (no siempre católicos) de todo el mundo, y que ha sido anfitrión de gente como Raúl Zaffaroni, María Romilda Servini, Ricardo Lorenzetti, la exministra Marcela Losardo, Ariel Lijo, Sebastián Casanello, Sergio Torres y Julián Ercolini, entre muchos otros. A la vez, tiene disponible la agenda de influencers sociales, como Valeria Mazza, para echar mano cuando hace falta.  

Ninguno sale de Roma sin su foto certificada junto al Papa, lo que neutraliza críticas cuando no despierta la multiplicación del conveniente fanatismo. Aunque ateos, se vuelven embajadores informales del Vaticano, aunque ni siquiera sepan el nombre del nuncio apostólico en su país.

Sorondo consigue a jeces y sindicalistas su foto con el Papa.

Y el sindicalista judicial Julio Piumato es un habitué de las audiencias papales de los miércoles, en donde suele hacerse bendecir por el pontífice cientos de rosarios que luego distribuye como souvenirs a su regreso, inventando extensas conversaciones con el Papa que, en realidad, a veces no pasan más que por un saludo en medio de la multitud que puja por un souvenir.

Sánchez Sorondo es admirador y amigo de Alberto Rodríguez Saá y, de hecho, se acercó a San Luis a dar una conferencia y mostrarse cercano.

Sorondo en San Luis con Rodríguez Saá.

Es un desatanudos del peronismo y un auspiciante principal de sus movilizaciones.

Organizador de eventos en forma constante desde su prominente cago, es él quien abrió esta y las veces anteriores al ministro argentino de Economía, Martín Guzmán, para confraternizar con la titular del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva. Ahora sumó a Alberto Fernández en un episodio más parecido a una misa que a una negociación: se invocan intenciones y se ruegan perdones, pero todo queda dentro del marco de la fe en que el ritual de buenos resultados. Nada concreto. Una forma de mantener vivas las esperanzas.

El fotoálbum político de Monseñor Sánchez Sorondo, el desatanudos

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