Alejandro Verón: "El desafío es que la pobreza no se vuelva estructural porque después no se revierte"

Alejandro Verón, el subsecretario de Desarrollo Social de Mendoza, analizó los índices de pobreza e indigencia del Indec. Contó que con la crisis pandémica hasta sectores de la clase media recurrieron a la asistencia del Estado. La 'positivo' es que pudieron dar albergue fijo a gente en situación de calle.

Tal vez la cifra de pobreza que, recientemente, dio a conocer el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) impacta, al saber que superó el 38% en el Gran Mendoza. Pero, cuando a esa cifra la transformamos en realidad y decimos que actualmente en esa parte de la provincia hay 393.283 personas que son pobres y 80.272 que son indigentes, los números se trasforman en un golpe devastador.

Se trata de los números que arroja el informe del Indec y que corresponden al segundo semestre del año pasado. Vale recordar que, esa entidad gubernamental, considera en situación de pobreza a aquellas familias cuyos ingresos son inferiores a la Canasta Básica Total (CBT) e indigentes, a quienes ni siquiera logran cubrir la Canasta Básica Alimentaria (CBA).

Este 38% que mencionábamos implica, por si fuera poco, un aumento de 7,9 puntos porcentuales (p.p.) de la pobreza en el transcurso de un año. Además, como el informe refleja datos de todo el país, también comparativa dentro de cuyo Mendoza se ubica (por primera vez) como la provincia con el índice más elevado en la región de Cuyo.

Incluso, si se toma la cifra del total de pobres que hay en el país, 35,5%, también se puede dar cuenta de que Mendoza está por encima del promedio de toda Argentina. La consulta siguiente, claro está, es saber qué análisis realizan las autoridades locales al respeto. Y, por supuesto, saber qué es lo que está haciendo el Gobierno de Mendoza desde su lugar para combatir esta alarmante verdad.

Aquí, el área encargada de la pobreza coincide con la que también tiene a su cargo la pandemia: el Ministerio de Salud, Desarrollo Social y Deportes. Es decir que la responsable es, al igual que de la situación sanitaria, Ana María Nadal. Pero, justamente, como la funcionaria está 100 por 100 abocada a la pandemia, quien se erige como la principal figura en los hechos es Alejandro Verón.

Con él, que es el Subsecretario de Desarrollo Social de Mendoza, dialogó en profundidad Memo para conocer su análisis. "El año pasado, cuando el índice de pobreza también superó el 30%, la calle nos decía otra cosa. Nos decía que estamos arriba de ese número incluso", se sincera el dirigente de Libres del Sur, dentro del Frente Cambia Mendoza.

-¿Qué análisis hace el Gobierno mendocino de estos números?

- El año que atravesamos de pandemia impactó distinto en Mendoza que en otras provincias, donde hay un empleo público mucho más alto. El empleo privado aquí tiene un peso que no lo tienen otras jurisdicciones. Eso impacta en los datos. Aunque Mendoza no se ha plegado a los cierres totales, ha tratado de mantener un equilibrio. También, tiene que ver con que Mendoza no crece en su matriz productiva y, por ende, no crece la economía ni se generan riquezas. La coparticipación y su forma de distribución afecta. Además, que al medirse por ingresos la pobreza, los precios de la Canasta Básica Total tampoco son iguales a los de otras provincias. Por esa serie de componentes puede ser el diferencial de 2 o 3 puntos.

Independientemente de eso, cuando el año pasado también fue de más del 30% el índice de pobreza, la calle nos decía otra cosa. Nos decía que estamos arriba de ese número. La calle, la demanda social, los pedidos, nos mostraban una realidad aún peor.

-¿Impacta más por ser el índice más elevado en la región de Cuyo?

-Los datos hay que tomarlos como datos, como números, pero no al punto de buscar esas diferencias dentro de la cada región. Porque en realidad pasamos de una Argentina en la que hace 20 años estamos rondando el 20 o 30% de pobreza y con la pandemia estamos llegando al 50%. El desafío es que la pobreza no se vuelva estructural porque después es muy difícil bajarla. El desafío es lograr que no nos pase lo que pasó en el 2000 porque después es raro que se pueda bajar.

Es el desafío de la clase política en general, no del gobierno de Mendoza ni del Nacional en especial, y de la parte social en su conjunto: cómo hacemos para que esto no quede como pobreza estructural.

-La población económicamente activa también llegó a ser pobre, ¿esto había pasado antes?

-Yo no tengo registro de que eso haya pasado ni siquiera en el 2000, porque allí el que tenía trabajo al menos zafaba. Hoy, el que tiene trabajo es pobre. Ahí en lo económico hay otra conjugación difícil de resolver porque ni siquiera en algunos casos con dos salarios llegás a la Canasta Básica. El principal problema que tenemos para combatir la pobreza es la inflación, que es el impuesto a los pobres. Recae sistemáticamente sobre ellos. Si ves la foto de los productos que más aumentaron, son aumentos de más del 50% en alimentos de primera necesidad. Y con eso, se conforman determinadas formas de vivir: no es lo mismo que el nene tome leche a que tome té.

También quiero reconocer que el aumento de la Tarjeta Alimentar, es una medida que nos permite brindar por lo menos una parte de alimentos. Antes, alcanzaba casi a 70 mil personas en Mendoza, ahora aproximadamente van a ser los 120 mil los beneficiarios, es decir las familias a las que alcance.

-¿Es suficiente con la Tarjeta Alimentar?

-Claro que no. Aun con la tarjeta, con la asignación universal por hijo, con un trabajo incluso, hay quienes siguen por debajo de la línea de pobreza. Pasa también que personas que pueden conseguir changas no las toman por miedo a perder esa asistencia social. Ahí está el primer nudo que hay que desatar. Los salarios están por debajo de la Canasta Básica de Alimentos.

El año pasado con los cierres hubo toda una franja de la clase media que también vino a pedir asistencia porque lo necesitó. Y antes de la pandemia no era así.

-¿Ha tenido más trabajo desde que empezó la pandemia? Considerando que la ministra Nadal se tuvo que abocar a la pandemia

-Yo antes de tenerla a ella como ministra pasé por Giachi, Najul. Con Ana María me siento muy cómodo trabajando. A ella le tocó un desafío distinto. Cuando ella asume, charlábamos de un montón de iniciativas para trabajar. Nadie tenía en los planes que esto pasara y la pandemia nos cambió todo. Su trabajo es muy intenso, no es fácil llevar en las espaldas más de un año de pandemia y aún continuar. Muy pocos saben lo que significa esto. Vale por muchísimos años de gestión administrar una pandemia.

En lo social, la parte sanitaria ha sido el eje central. Nos cambió el mapa social, las reglas, tenemos un país distinto, donde casi la mitad de la población es pobre. Por el tema de los cierres se han perdido un montón de fuentes de trabajo, es otra Argentina.

Obviamente que nosotros fortalecimos y acompañamos la estrategia sanitaria. Nunca cerramos ninguna de nuestras oficinas. Mantuvimos Desarrollo Social funcionando y fuimos dando respuesta, acomodándonos también a esta nueva situación; tanto desde lo sanitario como desde lo social.

La demanda social se multiplicó y gente de clase media pide ayuda al Estado

La demanda social se ha multiplicado. Nosotros con el objetivo bien claro de poder sostener a aquellos que son los más golpeados, dentro de los más golpeados. En Desarrollo Social hay adultos mayores, niñez, discapacidad. Son sectores muy vulnerables y cada uno con su particularidad. Los adultos mayores fueron los que más cumplieron el aislamiento pero a su vez eso les provocó un montón de inconvenientes.

Junto con los municipios, con distintas metodologías también, hubo que llegar a esos sectores cambiando la modalidad para hacer el abordaje. Incorporar la tecnología que a los adultos mayores les costaba. Las personas con discapacidad, aquellas que iban a un centro de día y que de golpe estaba cerrado. Hay muchas aristas que no son tapa de diario pero se han trabajado de manera sistemática.

Hemos pasado el 2020 con un montón de temas nuevos y pudimos estar a la altura de dar respuestas.

-La cantidad de merenderos y comedores comunitarios creció considerablemente. ¿Qué hace el Estado al respecto?

-Si se compara 2020 con 2019, se ve que se triplicó la asistencia alimentaria desde nuestro lugar y en las distintas formas (alimentos secos, dinero, comedores que hemos sostenido abiertos). Venimos sosteniendo ese nivel de asistencia. Hemos trabajado con más de 130 asociaciones de la sociedad civil. Se armó una red en la que se ayudan entre ellos. Seguro que debe haber algunos que no estamos asistiendo pero no hay nada que impida que los podamos asistir.

Una pata gigante de la sociedad civil se comprometió enormemente para ayudar en la pandemia. Se han abierto muchos merenderos y comedores sobre todo en los lugares más vulnerables y la gente ha colaborado.

-¿Aumentó la cantidad de gente en situación de calle?

-Lo abordamos muy bien en Mendoza ese tema. Creo que lo de Mendoza es para mostrar a nivel nacional. Incluso, hemos podido dar un salto. Recuerdo que en marzo de 2020 estábamos en Casa de Gobierno cuando salió el decreto del aislamiento y surgió el tema de qué haríamos para garantizar que quienes estaban en situación de calle, pudieran cumplir las restricciones.

Teníamos convenio con tres lugares, entre ellos Remar y la Fundación El Camino. Hablamos con ellos, ampliamos la capacidad y sumamos dispositivos propios de emergencia que fuimos montando. Por ejemplo, en los predios de la Dinaf montamos estructuras y en adultos mayores. Fue un trabajo conjunto entre los municipios del Gran Mendoza. Salimos con la Policía y muchas asociaciones que trabajan con las personas en la red de calle.

Ahí logramos albergar a 290 personas. De manera fija alojadas, con todas las comidas y equipo que los acompaña. Pudimos brindarles otras posibilidades distintas a la calle. Porque la calle, en general, tiene un componente muy fuerte (sin estigmatizar lo digo) vinculado a alguna adicción. El estar dentro de un lugar, sin consumir y realizando trabajo grupal durante un período largo, repercutió positivamente en esa parte de la población. Hay un antes y un después.

-¿Y ante esta segunda se encuentran preparados para enfrentar esas situaciones?

-La segunda ola nos agarra con mucha experiencia, mejor parados, con mejores dispositivos, con los albergues funcionando las 24 horas y con mucha menos gente durmiendo en la calle. Incluso ahora tenemos el compromiso de abrir un cuarto albergue que estará en Guaymallén, siempre orientado a la vinculación con la familia o la autonomía plena de la persona.

Lo que sí ha aumentado es el circuito de personas que vive de la calle. Durante el día se ve más gente tratando de buscar el mango en la calle. Los que cartonean, los que cuidan autos, los que piden en los semáforos. Eso sí aumentó y se ve. Pero después van a un lugar adonde dormir.

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