Ernesto Contreras, un ciclista ganador, limpio y honorable: de la tierra de "las acequias" a las capitales del mundo
El "Cóndor de América", Ernesto Contreras, voló este domingo rumbo a la eternidad. Aquí, el recuerdo del historiador Gustavo Capone que publicara "Tiempo del Este". La personalidad íntegra, sus orígenes y triunfos.
El entrañable Ernesto Contreras nació el 19 de junio de 1937 en el populoso distrito de Medrano, pueblo caracterizado por sus acequias y canales con una rica historia provincial. Medrano, la tierra de Contreras, el tradicional espacio que comparten curiosamente dos departamentos del Este mendocino: Junín y Rivadavia.
El Negro: ídolo indiscutido del deporte mendocino. Un verdadero icono de la "mendocinidad". Nadie podrá discutir que comparte junto a Nicolino Locche y Víctor Legrotaglie, el selecto panteón de los deportistas mendocinos consagrados en la ruta, el ring y los estadios. Reconocido con el Olimpia de Plata, con tres tapas en El Gráfico y con la honorifica Distinción en el Senado de la Nación a la ‘Trayectoria deportiva y ejemplo de Vida" durante el 2008.
Debutó profesionalmente en 1956, con 19 años en la Doble Departamento de General San Martín, y ante la sorpresa de todos los aficionados del deporte pedal, a los tres meses ya era campeón mendocino de "medio fondo" en la categoría superior de la Federación Mendocina de Ciclismo.
Se especializó en "persecución individual", exigente competencia sobre la distancia de 4.000 metros, siendo en nueve oportunidades consecutivas campeón argentino. Fue además tres veces campeón nacional de "resistencia" (180 Km) durante los años 1959,' 1970 y 1971. Mientras que en 1961 se consagró campeón nacional del kilómetro.
Además, ostenta el alto honor de representar al país en tres Juegos Olímpicos: Roma - 1960, obteniendo el 5º puesto en "persecución por equipo"; Tokio - 1964, siendo 8º en "persecución individual" y 7º en "ruta por equipo" y México - 1968, llegando 9º en "persecución por equipo" y 7º en ''persecución individual".
Participó también en los Campeonatos Mundiales de Ámsterdam - Holanda (1959); Zúrich - Suiza (1961) obteniendo el 4º puesto; Roma (1963); México (1968) y Montevideo (1969), consagrándose Subcampeón Mundial de Persecución.
Con enorme reconocimiento en el mundo entero, Contreras fue un ciclista completo, logrando sobresalir tanto en velódromos como en ruta, y tanto en el llano y la montaña. Pero su idolatría se consolidó al ser el artífice preponderante de las máximas concentraciones populares que se recuerden en toda la historia social de Mendoza, como fueron los arribos de las etapas finales del Cruce de Los Andes, convocando más de 200.000 personas. Llegaba Contreras. Llega el Cóndor. Llegaba Mendoza.
El cóndor de la montaña
Lo que corroboró su popularidad, y el mote de "Cóndor de América", fue su enorme capacidad en las trepadas montañosas.
El mito comienza a forjarse en 1961 durante la clásica Vuelta de Uspallata (a través de Cruz del Paramillo - 3.000 metros de altura), organizada por el Club Fausto y Serse Coppi, donde obtuvo la primera edición. Luego sobrevendrán ocho triunfos más en la tradicional prueba hasta la fronteriza villa. Además, en otro clásico del pedal regional como la Doble Villavicencio, triunfó en seis ocasiones.
En aquellas heroicas subidas, por durísimos caminos, logró vencer la resistencia de encumbrados mendocinos: Kiko Reyes y Ricardo Godoy (dos ilustres del Este mendocino), Castagnolo, Leiva, Aníbal Salguero (nacido en Rivadavia), Zangheri (sanmartiniano) Caterino, Bordón, Esteban, Ottaviani, Llano, Echeverria, Kadiajh, y luego a jóvenes como Serrano, Carmeno, Fracchia, Orellano, Cataldo.
También a campeones sanjuaninos como Matessevach, Bustos y los hermanos Chancay.
Su apodo
El "Cóndor de América", así bautizado por el recordado periodista deportivo Marcelo Alejandro Houlné en la época de los recordados cruces de Los Andes entre 1967 y 1974, donde Contreras obtuvo dos primeros puestos, dos segundos, un tercero y un séptimo. Pruebas extensas y exigentes que duraban más de dos semanas de recorrido, tras surcar y vencer la exigente geografía de la montaña: Los Caracoles de Villavicencio, La Cruz de Paramillos, El Cerro Negro, Portillo y La Cuesta de Chacabuco, ya en territorio chileno.
Los tradicionales cruces
Pero fueron sus actuaciones en los tradicionales "Cruce de Los Andes", que unían el Campo Histórico El Plumerillo de Mendoza con Santiago de Chile lo que inmortalizó su gloria, consolidando su indelegable rol de ídolo mendocino. '
En la primera edición del cruce de 1967 llegó segundo, tras nueve etapas de lucha, con el triunfante porteño Delmo Delmastro, el brasilero Sunseri y el ecuatoriano Morales.
Entre sus máximas consagraciones se encuentra el triunfo de 1968-(II Edición del Cruce de Los Andes), cuando venció a los ecuatorianos capitaneados por Pozo y al uruguayo Saúl Alcántara (triunfador en la 40 edición), luego de 10 etapas, con un recorrido de casi 1.000 kilómetros.
La histórica competencia trasandina, volverá a confirmarlo triunfador en la edición de 1971. En dicha oportunidad empezaba a surgir otro gran exponente del Este (oriundo de Los Arboles - Rivadavia), el desaparecido Manuel Cayetano Cortez ("el Diablo") y su meritorio quinto puesto en la general.
Popularidad y mito vigente
"¡Se viene el malón!"; gritará un aficionado cuando a lo lejos perciba la multicolor cadena de pedalistas. Así, la recordada frase del periodista deportivo Esteban Pujada, cobrará nuevamente vida; y con seguridad a la vera del camino, ante el paso de una manifestación ciclística, siempre habrá un comentario que recuerde al "Negro de Medrano". Ese Cóndor mendocino que poniendo la cara al viento sigue volando en la memoria de los mendocinos que convirtieron a Contreras en un ejemplo de deportista ganador, limpio y honorable.