Murió una de las voces emblemáticas de la radio en Mendoza, Patricia Barrientos

El adiós en primera persona del director de Memo a una persona con quien trabajó y a la que respetó. Y un aprendizaje: "basta de despedidas finales, nunca más hay que perder el contacto con las personas que uno quiere".

La voz de Patricia Barrientos ya no sonará en la LV10, pero quedará su personalidad incomparable en el aire de todos quienes la escucharon alguna vez. Quiero escribir esto en primera persona, aunque no se acostumbre en el periodismo hacerlo de esta manera. Es que me enteré por amigos en Facebook de su partida, y fue un golpe fuerte. 

Trabajé con ella en la radio y no hubo mejores momentos en 30 años por los que he pasado por muchos medios que las previas a los programas, las pausas, los momentos compartidos en los rincones, con sus chistes, risas, justos enojos y sobre todo, sus consejos.

Pasaron los años y cambiaron, los ámbitos por los que uno se mueve y en su caso, quedó siempre la idea de que allí había una amiga, con toda la dimensión de la palabra.

No sé si me explico: trabajamos poco tiempo juntos, pero su caso fue especial: humana, humilde, sincera, vehemente. Eso quedó para siempre, como con pocos otros casos.

Eligió no creérsela a pesar de ser "La Voz" y su nombre rebotar en varias generaciones de mendocinos. 

"La Pato" fue la persona más buena y compañera del mundo en un espacio común de trabajo y a la vez, la más dura consejera y observadora. O al menos esa idea me quedó al punto de provocar un quiebre, del que estoy hablando mientras escribo con Ale Álvarez, tremendo locutor que la despidió en las redes y alertó a varios, entre ellos a quien firma esta carta de despedida. 

En estos momentos es cuando me doy cuenta de que no pasé a saludarla todas las veces que se me ocurrió, y eso es una estupidez para anotar y recordar no hacerlo en lo sucesivo. Sí, se coló en mis llamadas casuales, de otros generalmente con ella al lado, para lanzar una chanza, un cariño, dar el presente, preguntar por la familia o el clásico: "¿Cuántos hijos tenés ahora?" y/o "te vi muy gordo, cuidate". O contarme: "Tu mamá hoy llamó a la Celia Astargo, ¿la escuchaste?", al referirse a una fana de ambas y de esa radio en particular.

Ahora uno se da cuenta que pasaron todos los años y ya no estará más. Y eso es fuerte y doloroso. No me queda más contarlo, escribiéndolo, que es lo que uno aprendió con ella y muchos otros, en un acto que sé que para muchos lectores puede sonar a un "abuso de posición dominante". 

Es Mendoza la que pierde a una mujer increíble, sencilla y profesional, no solo su familia y amigos más cercanos. 

Una enseñanza de este caso, que se me ocurre aprender en este momento en que las despedidas de las personas enfermas son imposibles mientras encaran su partida: hay que estar presentes antes, siempre, todo lo que se pueda. 

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