A la vista, los más y menos involucrados en hacer la tarea que le tocaba hacer

Prueba sorpresa: tema único. Las semanas de cuarentena, los desafíos de enfrentar una pandemia mundial, aquí, y de sobrellevar sus consecuencias, además de pensar en el futuro pospandemia, dejarán un diagnóstico en torno al comportamiento de cada uno. Y también, aunque suene mal, de su "utilidad".

El comportamiento de diversos sectores e individuos durante la pandemia empieza a dejar en borrador algunos hitos que permitirán tener un diagnóstico en torno a quiénes actúan responsablemente y quiénes no, en todos los aspectos y sectores, individual y colectivamente.

No es novedad, 70 días después de la globalización de la epidemia y metidos en cuarentena, que las empresas ya han detectado quiénes de sus empleados, metidos a teletrabajar desde sus lugares de confinamiento, han incrementado su productividad y quiénes, por el contrario, se han demostrado desinteresados por el trabajo. Ese indicador palpable es trasladado a la vida cotidiana precuarentena y sopesado con las sensaciones y datos previos: se confirma cuáles representan un factor activo y cuáles no.

Igual sucederá con la política.

Están los que rápidamente se encerraron sin aparecer y los que en la línea opuesta, continuaron la campaña electoral, sobreactuando la necesidad de su opinión o presencia en medio de la pandemia. Pero en el medio están los que se mostraron como "necesarios": no sólo estuvieron cuando tenían que estar, sino que callaron cuando no tenían nada importante que decir y, por lo tanto, demostraron una cada vez más necesaria prudencia.

Con el progresivo ablandamiento del encierro y la parálisis, aunque con las fundamentales medidas de precaución que impidan un rebrote o explosión de casos de covid-19, Mendoza empieza a vislumbrar un estado de situación. Con la neblina dispersa, pueden verse as consecuencias: amanece con cientos de empresas en riesgo, de empleos que se pierden y se renueva la frustración de lo que pudo haber sido y no fue en materia de diversificación de la matriz productiva, por ejemplo, justo ahora en que sería fundamental tener opciones sobre las que afirmarse, con el petróleo, el turismo y las exportaciones aplastados.

Hay una valoración social positiva que se mide en encuestas, pero que deberá consolidarse en acciones de liderazgo, tanto del accionar del gobierno nacional como del provincial en la lucha contra la pandemia. Se podrá coincidir o no, pero los resultados no son cuestión de fe, sino de relevamiento práctico, salvo que las encuestas hayan fallado en forma unánime.

De tal modo que la responsabilidad del gobernante, acompañado por el favor social, pasa ahora por encarar la reconstrucción y buscar nuevos desafíos. 

El gran adversario de que esto suceda es que surja un ímpetu de conservar este momento de "gloria" personal como un tesoro. Eso, paraliza. El miedo (una vez más, el miedo) al cambio y a la toma de decisiones que pudieran romper este momento de aplausos, sin embargo, puede mover a una situación paradójica y a un rechazo estrepitoso, una vez que la sociedad se de cuenta de que sobrevivió mayoritariamente a la amenaza del coronavirus y que, además, es más pobre que antes, tiene menos posibilidades de avanzar y los recursos no tienen una fuente de origen más que la endogamia estatal.

De tal modo que así como un directivo observa a sus trabajadores aprovechar o no el espacio de trabajo a distancia, lo mismo ocurre con los gobernantes y sus contrapesos dentro del sistema republicano. Es posible -y deseable- que esta vez los cargos no sean vistos como premios a la trayectoria militante, sino que la sociedad empiece a realizar su propio "juicio de residencia" a cada uno de los que están en puestos de decisión. Y claro, a los que se mostraron y a los que no, a los prudentes y a los imprudentes. Pero también a los que se escondieron y no aparecieron más, aprovechando la cuarentena para llevar la condición de "ñoqui" al extremo, debido a la relevancia de las funciones encargadas y a su ausencia rentada.


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