Bullrich, la Milei posible

Una mirada sobre las diferentes formas de construcción política con la que llegan a su aspiración presidencial dos de las personas con mayor apoyo para ese cargo en la Argentina.

Periodista y escritor, autor de una docena de libros de ensayo y literatura. En Twitter: @ConteGabriel

Más allá de la tensión originada en el frente opositor al kirchnerismo Juntos por el Cambio por las pretendidas incorporaciones del peronista cordobés Juan Schiaretti y del liberal José Luis Espert, hay una matriz de comportamiento entre dos de las principales figuras del PRO, Patricia Bullrich y Horacio Rodríguez Larreta, que se respalda en las matemáticas y que tiene que ver con sumar, multiplicar y ocupar volúmenes sociales antes de que lo ocupen otros.


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Hubo un apresuramiento cuando se creyó que la elección presidencial de este año estaba ganada prima facie y lo que faltaba para llegar era algo menos que un trámite: pulsear, hasta conseguir un ganador que se llevaría la candidatura presidencial y, posiblemente, un perdedor que se quedaría con el consuelo de la campanita del Senado.

Pero la realidad argentina es más compleja que eso. Inclusive, la construcción opositora lo es y no se resuelve haciendo uso exclusivo de una lógica que le sirve a un partido municipal porteño -tal el origen del PRO- para resolver las dudas, dinámicas, tensiones y hasta ocurrencias de toda una herramienta electoral (que se ve obligada a serlo también de gestión y no como sucedió con Cambiemos y Mauricio Macri) pensada para abarcar a la multiplicidad de realidades e idiosincrasias, intereses y pretensiones del vasto territorio argentino.

Parecía que era lógico darse cuenta que saber de matemáticas en política es bastante más que saber sumar "2 + 2", y con el resultado a favor, presionar para subordinar al resto.

Sin embargo, lo esperable no sucedió. Y Horacio Rodríguez Larreta se ve en este momento envuelto en una trampa: eligió la aritmética que, por definición, su objeto de estudio son los números y las operaciones elementales hechas con ellos: adición, sustracción, multiplicación y división. Todas juntas. Incluyendo la última. Y por lo tanto, puede que crea que juntando números está sumando, pero al final, el resultado no le cuadra.

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Lo que se percibe de Patricia Bullrich es la versión de Juntos por el Cambio más afín a la construcción geométrica, ya que logra entusiasmar allí en donde se ancla la frialdad calculadora de Larreta. Es "la Milei" posible para muchos de los que están hartos de todos los otros y -tengan sus admiradores razón o estén ante un espejismo- se mueve en espacios estudiando su extensión, la forma de medirla, las relaciones entre puntos, líneas, ángulos, planos y figuras. Toma cuerpos y formas palpables a su alrededor.

¿Cómo puede ser que el jefe de Gobierno porteño, el presidente del partido más extendido en todo el territorio nacional, la UCR, y decenas de figuras que cuentan a su favor con el algoritmo de las redes sociales no logren concitar la atención que sí consigue la presidenta del PRO y exministra de Seguridad, solo con sus dichos y a pesar de los carpetazos que vuelan en contra de su currículum político?

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Ya sucedió con Menem y, de esto, se ha hablado mucho. Carlos Saúl Menem no tendría que haber ganado la interna del peronismo con la "renovación" de Antonio Cafiero en 1988, de ser por los cálculos que la aritmética política dictaban. El exinterventor en Mendoza, patriarca de decenas de funcionarios del futuro (este presente) tenía todo a su favor; hasta parecía la sucesión lógica de Raúl Alfonsín: algo así como un pase calculado entre la socialdemocracia hacia a lo socialcristiano. Pero la mirada fija en una sumar y multiplicar respaldos y recursos no permitió ver cómo, a su alrededor, "El caudillo de las Pampas" concitaba tras de sí primero la mirada, luego la preocupación, enseguida la sorpresa seguida de la simpatía y finalmente, convocó al voto

Es que Menem fue otro de los que supieron construir en forma geométrica: ampliándose hacia cada lado, abrazando y afianzando. Y contra toda la lógica aritmética, fue presidente, por 10 años y casi llegó a un contranatura y polémico tercer mandato, pero renunció a competir por esa oportunidad abriéndole paso a un fenómeno diferente y digno de otros análisis: el kirchnerismo y su antídoto que finalmente parece terminar con él, el cristinismo.

Bullrich dejó en claro en Mendoza que no va a ser compañera de fórmula de nadie, y tampoco está pidiendo sumar a otros partidos a Juntos por el Cambio. Y el "cuco" que le muestra a Larreta es el pedido de que acepte su condición de, al menos, igualdad, y de tal modo se permita a sí mismo competir contra ella, sin tener que agigantarse como una sombra junto a muchos otros, de tal modo de simular una dimensión política y social que no consigue solo.

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