Compliance: los nuevos horizontes empresariales basados en la ética corporativa

El compliance o cumplimiento normativo y ético resulta ser el nuevo paradigma que buscan implementar las empresas para posicionarse en el mercado nacional e internacional. El surgimiento de esta nueva tendencia se enmarca en las relaciones de negocios entre compañías que ponderan, principalmente, la lucha contra la corrupción y el buen comportamiento interno, entre otros.

Yésica Villarroel

Cuando se habla de compliance se hace referencia a un conjunto de normas y procedimientos éticos tendientes a regular las relaciones internas y externas de una empresa o institución, fomentando buenos comportamientos, con la finalidad de prevenir conflictos y delitos que impliquen un daño reputacional y económico para aquella, garantizando así confianza y transparencia.

Este paradigma empresarial, si bien tiene auge dentro de los estándares internacionales hace ya tiempo, en Argentina comienza a tomar relevancia, sobre todo en el ámbito penal, a partir de la promulgación de la Ley 27.401 de Responsabilidad Penal de las Personas Jurídicas por delitos de corrupción (2017) y la Ley Penal Tributaria (2011).

En general, este sistema ha sido adoptado por las grandes corporaciones privadas e instituciones públicas, siendo casi desconocido para las pequeñas y medianas empresas. Sin embargo, implementar este nuevo paradigma en emprendimientos más pequeños implica sin dudas un beneficio ineludible que se traducirá en: evitar crisis, crecer con seguridad y garantizar confianza en los clientes.

En consecuencia, una vez que se ha decidido embarcar en este modelo, es importante considerar que cada empresa debe diseñarlo teniendo en cuenta todas las vertientes propias de la organización, por lo que será un programa exclusivo, único y a medida.

Uno de los principales objetivos del Compliance es determinar los riesgos a los que se puede enfrentar una compañía, en función de su actividad. Por supuesto que no es el mismo el riesgo de un banco, bodega, petrolera, o una empresa de turismo o construcción y, es por ello, que los programas deberían concentrarse en riesgos tan diversos como los ambientales, laborales, seguridad, fraude o lavado de dinero, por mencionar algunos.

Como la función primordial de este sistema de cumplimiento es preventiva, se establecen mecanismos destinados a evitar el incumplimiento de normas, tanto las creadas por el mismo modelo, como las que pueden ser impuestas por la legislación local donde funciona la corporación. Es fundamental en este aspecto trazar un plan de comunicación efectivo, formar al personal a través de capacitaciones e instrumentar canales de denuncias de posibles ilícitos, entre otros.

Sin perjuicio del tinte preventivo que caracteriza este paradigma, muchas veces el incumplimiento es inevitable, y allí entra a jugar el sistema sancionatorio creado también por el mismo programa. El beneficio ostensible surge en el caso de que tal infracción implique un delito contemplado por la Ley, pues la implementación de dicho programa en el marco de la empresa sirve, muchas veces, como atenuante de responsabilidad de la persona jurídica.

Como se revela, el nuevo paradigma que postulan estos programas de cumplimiento, están vinculados a instaurar y/o fortalecer una cultura empresarial basada en valores asociados a la confianza, transparencia, solidaridad, respeto, sustentabilidad y cuidado del medio ambiente; que se traduce indefectiblemente en un crecimiento económico y permanente de la empresa.

Sin embargo, comprender este silogismo: la prolijidad en el cumplimiento asociado a la ganancia; es el gran desafío en una cultura donde la mal llamada "viveza criolla", es la garantía del éxito.

LA AUTORA. Yésica Villarroel. Abogada. Especialista en Compliance.

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