Ética, responsabilidad y compromiso: a 37 años del triunfo de Alfonsín

La diputada nacional Claudia Najul recuerda los 37 años desde la recuperación de la democracia, el 30 de octubre de 1983.

Claudia Najul

Cotidianamente escuchamos discursos y leemos artículos que buscan extrapolar categorías perimidas a un mundo que ya es otro, que muta permanentemente y exige una capacidad de adaptación enorme. No son pocos los que, presos de una mezcla de nostalgia por el pasado y temor ante lo desconocido, viven atornillados a lo que fue y no se animan a mirar para adelante.

Pienso esto y cada día me convenzo más: Alfonsín fue un hombre de su tiempo. Interpretó con una inteligencia envidiable a una sociedad partida que ya no podía más. Fue construyendo una visión de la Argentina tan ambiciosa como necesaria. Creyó que se podía cuando muchos de los que lo rodeaban ya habían dado el brazo a torcer.

El triunfo histórico de aquel 30 de octubre, que nos colma de emoción 37 años después y logrará el mismo efecto indefinidamente, no lo mareó. No se extravío en las mieles de un éxito electoral sin precedentes. Tuvo siempre claro que esa noche era la línea de largada de una carrera complicada como ninguna otra.

Allí está precisamente lo fascinante de su figura. Es imposible escribir un par de líneas de él sin que la palabra futuro se meta en el medio. Alfonsín encarnó como ningún otro la esperanza de todo un pueblo y la necesidad de mirar para adelante, de afianzar un régimen democrático desconocido para una generación de jóvenes que crecieron al paso de sucesivas interrupciones constitucionales.

En una Argentina cuya brecha entre los que más y los que menos tienen no para de crecer, en la que los pobres son cada vez más pobres y están más lejos de dejar de serlo, suenan sus palabras cuando afirmó que "este será el siglo de la búsqueda de la igualdad". Una responsabilidad ineludible y un desafío enorme para todos los que no renunciamos a vivir en una Argentina posible, viable, que no expulse a los jóvenes a buscar oportunidades afuera.

Vivimos en tiempos en los que ya está casi naturalizado el aprovechamiento partidario de instituciones públicas. En los que sobra política y nos falta Estado. El mensaje de Alfonsín en torno a la ética de la solidaridad resurge, una vez más, renovado y exhibiendo una actualidad a prueba de balas. No hay posibilidades de desarrollo si la política no se sostiene en valores humanos que trasciendan las diferencias coyunturales. No hay manera de progresar como individuos si el progreso del conjunto de la sociedad es apenas un eslogan y no una realidad material.

El recuerdo indeleble de Alfonsín nos interpela de una manera muy fuerte a todos los radicales. Que la crisis sanitaria, económica y social que sufrimos hoy podamos procesarla en una democracia sólida, se lo debemos a él y a todos los que dejaron la piel para llegar a la transición de 1989, habiendo juzgado civilmente a los responsables de la dictadura más sangrienta de nuestra historia, y soportando las maniobras de una oposición política que en la última etapa priorizó sus intereses sectoriales antes que la salud del país.

Quiero recordar también a todos los que lo acompañaron en su trayectoria. Mujeres y hombres que se la jugaron por las ideas de una persona que transformó utopías en realidades, que se olvidó de sí mismo para acordarse de todos. Gracias siempre.

LA AUTORA. Claudia Najul es diputada nacional por la Unión Cívica Radical.



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