La clandes de Fabi

Mientras en julio del año pasado estaba vigente el Decreto 576/2020 que prorrogaba el Decreto 269/20 que estipulaba en su artículo 5 que ‘Durante la vigencia del "aislamiento social, preventivo y obligatorio" no podrán realizarse eventos culturales, recreativos, deportivos, religiosos, ni de ninguna otra índole que impliquen la concurrencia de personas', el Presidente participaba de fiestas clandestinas.

Eduardo Rivas

Mientras Argentina transitaba la cuareterna más larga del mundo, que incluyó violación de derechos humanos, desaparición de personas y muertes por gatillo fácil de las fuerzas de seguridad, entre otros delitos, y se impedía a un padre dar el último adiós a su hija que moría de cáncer o a un padre poder ingresar en una provincia tras volver de hacer los cuidados paliativos a su hija menor de edad que cursaba sus últimos días de vida, desde el gobierno nacional se insistía a la población que respetaran ciertas cuestiones básicas de profilaxis para evitar una escalada de casos y muertes por COVID-19 como la que desde este lado del Atlántico se observaba en Europa.

Al respecto fue clara y contundente la frase con la que el Presidente de la República, Alberto Fernández, sintetizó la cruzada ante la que se enfrentaba el país con la disyuntiva entre salud y economía y al respecto afirmó que privilegiaría la salud, porque ‘de la economía se vuelve, de las muertes no'.

Pasó el tiempo y las consecuencias están a la vista. Argentina tuvo una de las peores caídas en términos económicos y una de las tasas más elevadas del mundo de muertos por COVID-19 cada millón de habitantes. No se privilegió ni la economía ni la salud.

Fernández, un error tras otro

Pero analizado esto a toro pasado es una cuestión sencilla, lo que es dable analizar es si efectivamente se hizo lo que el Presidente decía que se debía hacer. Y la respuesta es clara, NO.

Mientras en julio del año pasado estaba vigente el Decreto 576/2020 que prorrogaba el Decreto 269/20 que estipulaba en su artículo 5 que ‘Durante la vigencia del "aislamiento social, preventivo y obligatorio" no podrán realizarse eventos culturales, recreativos, deportivos, religiosos, ni de ninguna otra índole que impliquen la concurrencia de personas', el Presidente participaba de fiestas clandestinas.

Hace unos pocos días, gracias al pedido de información pública realizado por el periodista Gonzalo Zíver, se dio a difusión quienes visitaron la Residencia Presidencial desde marzo de 2020 hasta estos días. Así se supo que mientras muchos argentinos no podían trabajar y todos tenían restringidos sus movimientos, visitaban al Presidente su peluquero y el de su esposa, el adiestrador canino, amigos y ciudadanos que debían reunirse con la máxima autoridad del Estado pero que, dadas las circunstancias, bien podrían haberse reunido de manera virtual, como tantas actividades que se realizaban en Argentina por esos días.

Cuando esta información se supo el Presidente buscó minimizarla afirmando que ‘La verdad es que yo me cansé de ver gente porque yo soy el Presidente de la República Argentina. Mi tarea es conocer de primera mano lo que pasa. Se convirtió en una historieta y me duele', el problema es que contó una parte de la verdad, que de por sí ya es cuestionable. Estoy de acuerdo que debe ‘conocer de primera mano lo que pasa' y muchas veces no se entera, pero no necesariamente debe hacerlo en forma personal.

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No contó, por ejemplo, que el 14 de julio de 2020 entre las 21:30 y las 22:00 ingresaron al chalet presidencial ‘Emmanuel López, Fernando Consagra, Rocío Fernández, Florencia Fernández, Santiago Basavilbaso, Stefanía Domínguez, Sofí a Pacchi, Federico Abraham y Carolina Marafioti, quienes se retiraron después de la 1:40 del día siguiente. Horario curioso para mantener reuniones protocolares pero no para la celebración de un cumpleaños, porque estas personas se reunieron con el Presidente y su esposa para celebrar el cumpleaños de Fabiola Yáñez. Se juntaron en la clandes de Fabi.

Mientras los ciudadanos tenían suspendidos derechos fundamentales en pos de una cuestión de salud pública los gobernantes brindaban con champagne pagado con dineros públicos en la residencia presidencial.

Las ‘clandes' eran los encuentros que realizaban, y aún realizan, los jóvenes para poder mantener su actividad social pese a que no estaban permitidos los encuentros sociales.

Ante la aparición de la noticia la primera reacción gubernamental fue el silencio, cuando se conoció la primera fotografía fue negar la autenticidad, que muchos daban por cierta pero se aferraban a la ilusión de una grosera pasada de facturas internas, pero el golpe de gracia fue cuando Guadalupe Vázquez presentó una segunda imagen que corroboraba lo que todos sabían aunque muchos quisieran no creer.

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Aunque también hubo quien justificó el accionar presidencial. Según dijera el interventor de Yacimientos Carboníferos Fiscales de Río Turbio y ex jefe de Gabinete Aníbal Fernández, quien siempre busca opinar de todo aquello que le de visibilidad para mostrarse como un soldado obediente y poder volver a las ‘grandes ligas', ‘Si ella hizo eso, él cuando llega a su casa, la única cosa que tiene es la de participar tibiamente en lo que sucedió', como si se pudiera violar la ley un poquito. De poquito aprendió de Néstor.

Mientras el Presidente de la República amenazaba a la población afirmando púbicamente que ‘la Argentina de los vivos que se zarpan y pasan por sobre los bobos se terminó, se terminó, acá estamos hablando de la salud de la gente, no voy a permitir que hagan lo que quieran, si lo entienden por las buenas, me encanta, sino me han dado el poder para que lo entiendan por las malas, y en la democracia entenderla por las malas es que terminen frente a un juez explicado lo que hicieron. Y cuando a uno le queda el registro de condenado, después no lloren, se los he dicho una y mil veces. Y a las fuerzas de seguridad, respeto, porque están siendo la cara que se expone para cuidarnos, es simplemente eso'. Actuaba contrariando la cuarentena, y las Fuerzas de Seguridad que custodian el interior de la residencia presidencial lo permitían y lo callaban. Claro, a las fuerzas de seguridad era elegir entre denunciar al Presidente o mantener su trabajo. Eligieron lo segundo, haciéndose cómplices.

El Presidente de la Nación actuó al margen de la ley. Algunos lo justifican y la mayoría calla porque lo que el Presidente hizo es indefendible.

Ni siquiera sirven las palabras que ensayó para intentar excusarse. Afirmó Fernández que ‘El 14 de julio Fabiola convocó a una reunión, a un brindis, que no debió haberse hecho. Me doy cuenta que no debió haberse hecho y lamento que haya ocurrido.' ¿Y recién ahora se dio cuenta que no debía haberse hecho? ¿Más de un año tardó? ¿Qué otras cosas no se dio cuenta? Y pretendiendo cambiar el eje afirmó que ‘Llegó un pedido para ver quiénes habían ingresado a Olivos y lo hicimos público, no escondimos nada porque no tengo nada que ocultar de mi vida personal.' No, Presidente, se vuelve a equivocar. Usted no hizo público nada. Lo que se hizo fue cumplir la ley, lo que Usted no hizo cuando festejó el cumpleaños de su señora en pleno Aislamiento Social, Permanente y Obligatorio.

¿Es esto lo peor que pasó en Argentina en este tiempo? No. En su momento el presidente de la República mintió con las estadísticas del COVID-19 para argumentar la necesidad de aplicar una dura cuareterna. Argentina también retrasó su plan de vacunación por haber privilegiado cuestiones geopolíticas para la adquisición de vacunas en lugar de cuestiones estrictas de salud pública. El gobierno argentino montó centros de vacunación paralelos para funcionarios y amigos cuando las vacunas escaseaban en el país. En Argentina pasó de todo, y esto, es cierto, no es lo más grave.

Pero a diferencia de otras situaciones en este caso no es tan solo, por si fuera poco, que un gobernante hizo algo al margen de la ley.

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Con excepción de Raúl Alfonsín, todos los presidentes electos por las urnas desde el regreso de la democracia en 1983 debieron pasar por los estrados judiciales. Esta vez es peor porque hay una relación directa entre lo que se le prohibió a los ciudadanos y se permitieron los gobernantes.

No es, como dijo el Jefe de Gabinete Santiago Cafiero ‘que hubo un descuido, se cometió un error, no debería haber ocurrido. Fue un evento social que no debería haber ocurrido'. No hubo un descuido, hubo un delito. Y en una sociedad democrática la sanción para los delitos no es pedir perdón. Si se tratara de un descuido como dice Cafiero se hubiese dado a publicidad antes. Primero se ocultó, después se negó, y ante la prueba irrefutable se trata de minimizar.

El Presidente de la República Alberto Fernández debe explicar ante la Justicia por qué violó la legislación vigente.

De nada sirve justificar este accionar acusando a quienes se oponían a la cuarentena. De nada sirve justificar este accionar diciendo que durante el gobierno de Macri la violación de normas fue peor. La situación es clara, hay una fuerte presunción de la comisión de un delito y de eso se debe encargar la Justicia.

Lo que sí hace falta es la palabra del Presidente. No basta con lo dicho en un reportaje por el Jefe de Gabinete. Quien actuó al margen de la ley fue el Presidente y quien debe dar la cara ante la ciudadanía es el Presidente.

¿Qué margen de autoridad le queda al Presidente después de esto? ¿Cómo decirle a los ciudadanos qué hacer como si fuera un padre, posición que tanto le gustó a Fernández en este tiempo, si no predica con el ejemplo? ¿Tiene autoridad moral para seguir al frente del Estado?

El 15 de abril de 2020 en una columna en este mismo periódico decíamos ‘El tiempo pasará, la pandemia será un mal recuerdo y la sociedad se reacomodará tras el aislamiento social que estamos viviendo desde el 20 de marzo en que el Poder Ejecutivo Nacional decretó que, con algunas salvedades, todos nos quedáramos en casa, y entonces nos preguntaremos ¿Qué pasó mientras (aparentemente) no pasaba nada?'

El tiempo pasó, la pandemia aún no es un mal recuerdo y la sociedad se sigue reacomodando tras el aislamiento social que vivimos desde el 20 de marzo de 2020, en que el Poder Ejecutivo Nacional decretó que, con algunas salvedades, todos nos quedáramos en casa, y entonces nos preguntamos ¿Qué pasó mientras (aparentemente) no pasaba nada?

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