La inflación es una enfermedad y el Gobierno es Giselle Rímolo

Escribe el senador Martín Kerchner (UCR), exministro de Hacienda de Mendoza, entre otros cargos, luego de que se conozca el índice récord de inflación en Argentina.

Martín Kerchner

El populismo gobernante nunca va a bajar la inflación en serio. Jamás. No entienden sus causas, por lo tanto, nunca van a encontrar su solución de fondo, es por eso que solo intentan parches (dólar soja, precios justos, ajustes fiscales tibios, etc.). El populismo es una especie de "falso médico", una especie de Giselle Rímolo, que como no sabe cómo funciona la globalidad del cuerpo humano y sus interrelaciones, van a terminar matando al paciente, en vez de curarlo.

Ellos están convencidos que la inflación la generan los grandes empresarios, porque están en contra del pueblo, en una interpretación de la economía que se quedó vetusta hace más de medio siglo. El empresario no es malo ni bueno cuando pone el precio de su producto, solo se adapta al entorno, si hay exceso de emisión monetaria, de deuda pública y de gasto fiscal, deduce que la macro va a desmejorar y se cubre ahora (no en el futuro) aumentando los precios, es la forma de defender su capital, de hacer sustentable su negocio. Posteriormente, la inflación agarra inercia (se mantiene en el tiempo) porque suben los salarios, las tarifas, todo, una especie de bola de nieve, pero el inicio del fenómeno es el "gobierno malo", no el "empresario malo".

Esta inflación de casi 100% en 2022 es la más alta en 32 años (83% en el año 1991), acumulando Alberto Fernández casi un 300% en sus 3 años de gobierno. En América Latina solo nos supera Venezuela, que es el máximo de la mala praxis, mientras que en el resto del mundo solo nos superan un par de países muy subdesarrollados institucionalmente, muy lejos del nivel de vida argentino. Entonces queda claro que el problema argentino es de un gobierno desastroso, que no sabe darle solución a un problema (la inflación) que el mundo civilizado derrotó hace décadas. El mismo Fernández, que prometió solucionar los problemas de Macri, empeoró todo.

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Pero este fallido del populismo no es de ahora, ellos son mala praxis permanente en economía. Es el gen populista, su ADN, lo que falla, están sellados de nacimiento para administrar mal lo fiscal y lo monetario, ya viene de la época del general Perón, el primer presidente en hacer un desastre con lo monetario, con lo fiscal, con las reservas del BCRA, el primer populista, y el que infiltró de populismo la genética política argentina; de Perón en adelante surgieron cientos de dirigentes que creyeron que ese era el rumbo, entre ellos Néstor y Cristina. El kirchnerismo viene siendo la última etapa de ese populismo mágico que inició Perón, el máximo nivel de degeneramiento de la política argenta. Hay que desterrar para siempre ese pensamiento de nuestro país, eliminarlo definitivamente, sino no vamos a salir nunca. El voto es la solución, nunca más hay que votar populismo irracional. Y el 2023 es el año clave.

Argentina podría ser Australia, por ejemplo, un país con un PBI per cápita de primer mundo, ubicada en el Hemisferio Sur como nosotros, o sea lejos de EE.UU. y Europa (si bien cerca de China), y con grandes praderas de cereales, al igual que nosotros. Sin embargo, Australia no tiene populismo, para suerte de ellos. En cambio, acá el populismo fue siempre enemigo del campo, y se propuso durante toda su historia subsidiar a ciertos sectores industriales caros, protegidos, ineficientes, además de proteger en exceso a los sindicatos, que llevaron los costos laborales por las nubes. Ergo, nunca llegamos a ser Australia, sino un simple país sudamericano más, de mitad de tabla, con 40% de pobreza, con un PBI entero en dólares fugado al extranjero, y con gente frustrada, pensando más en irse que en quedarse. Los argentinos festejamos tanto el mundial de fútbol porque es la única alegría que tenemos como país de tanto en tanto, ya que la economía es pálida tras pálida, y en ello el populismo es quien más ha gobernado, quien más cargo tiene.

Sin embargo, hay esperanza. Este año 2023 debe ser la bisagra definitiva que destierre al populismo para siempre del mapa, que encima se van con su líder, la vicepresidenta, condenada judicialmente, por corrupta, en debido proceso. De las elecciones debe emerger un pedido mayoritario de la gente para que surja un gobierno diferente, que haga el ajuste estabilizador necesario y después se concentre en desarrollar el país, para en 20/30 años tener los niveles de Australia o cualquier otro país periférico de buen nivel de vida del mundo. Pero para eso hay una condición necesaria: no puede haber más populismo, es incompatible con el desarrollo sustentable. 

El populismo es como Giselle Rimolo, no estudió nunca, entonces jamás va a curar, solo va a enfermar. Pero aparte, una coincidencia adicional, Rímolo terminó condenada, por "mala praxis" y "falsa médica", Cristina parecido, por "corrupta". 

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