La cabeza y el bolsillo

Hay que aguantar en los próximos días el confinamiento por la cuarentena. Y hay que ver de qué seguiremos viviendo en adelante. Tarea para todos. Pero también para el Gobierno: la pandemia no tiene que servir de excusa, ya que hay que tener el plan económico que no se tuvo y además, ordenar el futuro del sistema de empleo. Temple y capacidad.

Hay dos desafíos para todos los que podamos abarcar con nuestra capacidad de comprensión en medio de la cuarentena general en la Argentina: la cabeza y el bolsillo. Es que hay que aguantar mentalmente el confinamiento. Lo dicen los psicólogos: no será sencillo y así como al principio parece un juego de intercambio de rutinas por las redes, se volverá una real (pero legítima) privación de la libertad en poco tiempo más. ¿Y por qué el bolsillo? Porque no se han tomado las medidas necesarias para cubrir los agujeros que está causando la parálisis, tanto en los que generan trabajo como en el que lo tienen clausurado.

Los que tienen voz pública, las organizaciones empresariales, han manifestado ya una serie de medidas que tendrían que ser puestas en marcha lo antes posible para garantizar la subsistencia de las microempresas, pequeñas y medianas y también las otras, todas dan empleo.

Pero los que no tienen voz, no pueden siquiera protestar: cantidades de trabajadores informales (el ministro Daniel Arroyo dijo que son el 40% del total) no cobran si no trabajan. Y no están trabajado. Existe además una capa no sondeada por nadie y que es la informalidad dentro de la informalidad misma. ¿La única opción que les queda es declararse indigentes e ir a por una dádiva?

Cabeza y bolsillo, dos cosas que los argentinos hemos sabido vincular estratégicamente al concurrir a las urnas, por ejemplo, pero que ahora van a empezar, muy probablemente, a activarse en año libre de elecciones.

Y cuando se habla de bolsillo también hay que tener en cuenta al de las finanzas públicas: se pide una "cuarentena impositiva", lo que suena lógico. Pero la recaudación nacional ya venía cayendo antes de la parálisis y, por lo tanto, como ya lo contamos en Memo, municipios y provincias ya estaban en aprietos y la situación que se cierne es sumamente delicada para poder cumplir con los servicios esenciales y hasta para sostener la puntualidad del pago de haberes.

La cabeza de los que gobiernan también necesita talento, temple e ingenio. El mundo está más o menos igual de mal que la Argentina, por lo que mucha ayuda externa no se podrá pedir.

"Es nuestro tiempo", podrá decirse. Pero aunque los gobernantes o la dirigencia política de todos los sectores puedan echarle a partir de ahora todas las culpas de la situación al bicho microscópico chino, consiguiendo así una especie de indulto lastimoso a sus incapacidades, algunos podrán recordar que el Gobierno que tiene un presidente que se muestra lógico en esta emergencia llegó al poder sin ningún plan económico, sabiendo que el mayor problema heredado por la gestión de Mauricio Macri era justamente eso.

Nos podrán entretener transfiriéndoles plata a los artistas y que así, multipliquen las alabanzas al Gobierno.

Pero respaldar las acciones de emergencia no significan avalar ciegamente, como en un estado soviético, sus desaciertos: no es a los gobernantes a quienes hay que salvar de las críticas, sino a los más vulnerables, que hoy son los que pueden contraer el covid-19 y los que no tienen qué comer, sumando a aquellos que no están viendo un horizonte para cuando pase la crisis y los carcome la incertidumbre desde un confinamiento hogareño muchísimo más triste que los que muestran las divertidas ocurrencias de Instagram.

Inteligente será quien sepa ordenar desde ahora el futuro, y no el que comunique más o menos en forma simpática y empática la crisis, cosa que se agradece, pero que no es suficiente.

Cabeza y bolsillo, y viceversa. Sin psicosis de por medio. Solo hay que saber qué es lo que viene para poder actuar.

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