La carta al presidente Fernández: el país del "como si"

Una carta enviada al Presidente pide que se declare la emergencia nacional, se efectivicen verdaderas articulaciones entre los organismos responsables de atender la violencia de género, se realicen capacitaciones en perspectiva de género a todo el Estado y la población en general, se incorpore tecnología y mecanismo para hacer eficaz la protección de las mujeres, se haga real y efectivo el cuerpo de patrocinio para el asesoramiento de las mujeres que superviven a la violencia, entre otras medidas.

Emiliana Lilloy

Nuria Varela, periodista y escritora española que ejerció como la primera Directora de Gabinete del Ministerio de Igualdad creado en 2008 en España nos cuenta una historia que no podemos soslayar ante los sucesivos femicidios y aún evidentes discriminaciones que vivimos las mujeres en nuestro país. Incluso en gobiernos que se declaran a sí mismos feministas, que dicen querer y abogar por la igualdad, que crean oficinas y ministerios y que a veces, utilizan un lenguaje inclusivo en sus declaraciones políticas.

En su libro "Cansadas", relata cómo fue la experiencia al asumir su cargo en el recientemente creado Ministerio de la Igualdad en España durante el gobierno progresista de José Luis Rodríguez Zapatero. Describe un edificio privado de las instalaciones necesarias para trabajar, que aparece en la retina de cualquier lectora como un espacio abandonado, habitado por fantasmas. La falta de presupuesto necesario para llevar a cabo las funciones mínimas. La misoginia y virulencia de los medios de comunicación que comenzaron a criticarlas incluso antes de que comenzaran a ejercer sus funciones, y una desolada sensación por saber que luchaban contra el monstruo de la violencia y la desigualdad en estas pésimas condiciones.

¡Hagan algo! ¿Querían un ministerio? Acá lo tienen. Resuelvan el problema de la violencia del que tanto se quejan.

Como si el problema de la violencia fuera un tema "de mujeres". Como si las víctimas de los delitos fueran quienes tienen que organizarse para soportar y erradicar la delincuencia que ejercen los victimarios. Como si no correspondiera a la sociedad toda y a su representante en la tierra, el Estado, combatir el lastre más antiguo y dañino que ella misma ha generado para sus adentros.

Es que la historia de la lucha de las mujeres ha estado signada por dos estrategias utilizadas para combatir a cualquier lucha social frente al establishment: el "como sí" y la cooptación de sus líderes o cabecillas que, ante la oportunidad de ocupar un espacio de poder (ocupación muchas veces honesta, en la creencia de que algo podrán cambiar desde allí) quedan neutralizadas.

Ambos mecanismos acaban por silenciarnos. Porque sabemos que la creación de Ministerios y organismos sin una planificación estratégica, peso verdadero en las decisiones políticas de estado y un sólido presupuesto para llevar la tarea a cabo, es sólo una ficción: hacemos "como si" estuviéramos comprometidos con el cambio y "como si" estuviéramos solucionando algo.

En el segundo caso, al cooptar a las feministas referentes, a quienes más saben y más luchan, se acaba por restarles fuerza y privarlas de sus voces para articular reclamos. Ya lo dijo la maestra Silvia Federici: "no se institucionalicen". Las mujeres no escapamos a las dinámicas del poder. En efecto, el teorema del político mendocino Raúl Baglini se aplica también aquí: nuestras luchas, por más intensas, autenticas y revolucionarias que sean, terminan moderándose por otras presiones e intereses partidarios o por la necesidad de apoyar a un proyecto político con el que no coincidimos, o que no cumple sus promesas, pero parece el menos peor en el discurso.

Esta semana, cientos de mujeres argentinas de diferentes sectores políticos y procedencias enviamos una carta abierta al presidente Alberto Fernández. En la misma exigimos se declare la emergencia nacional, se efectivicen verdaderas articulaciones entre los organismos responsables de atender la violencia de género, se realicen capacitaciones en perspectiva de género a todo el Estado y la población en general, se incorpore tecnología y mecanismo para hacer eficaz la protección de las mujeres, se haga real y efectivo el cuerpo de patrocinio para el asesoramiento de las mujeres que superviven a la violencia, entre otras medidas.

Dos cosas llaman la atención. Una, es que todas estas medidas ya están legisladas y supuestamente en ejecución. Por lo cual, el reclamo parece ser que se deje de hacer como sí, y se combata seriamente la violencia contra las mujeres. La segunda es que se ha roto el silencio y todas las mujeres, no las de tal o cual partido político, afines o no al gobierno, todas, salimos a decir que estamos cansadas, hartas, que necesitamos un cambio urgente.

Pero esto también nos lo advirtió la exdirectora de gabinete española en su libro "cansadas", y hoy lo estamos haciendo: "Es hora de llamar a las cosas por su nombre. Y de hacerlo juntas. A las mujeres siempre nos ha ido bien cuando hemos estado unidas".

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