Las guerras del fin del mundo

Alfredo Bullard se pregunta si dos pol韙icos se pelear韆n por razones literarias, considerando que dos escritores -Mario Vargas Llosa y Jimmy Barclays- se pelearon por razones pol韙icas.

Alfredo Bullard

El periodista Jimmy Barclays conoci al escritor Mario Vargas Llosa en un restaurante de comida china. Barclays, con dieciocho a駉s, publicaba una columna diaria de opini髇 pol韙ica, "Banderillas", en el diario La Prensa de Lima. Vargas Llosa acababa publicar una novela, La guerra del fin del mundo, que Barclays hab韆 le韉o, maravillado.

Meses m醩 tarde, Barclays entrevist a Vargas Llosa en la televisi髇. El escritor no esquivaba los temas pol韙icos. Se dec韆 que quer韆 ser presidente. Barclays lo admiraba tanto que se puso nervioso. Trat de decir la palabra "rec髇dito" y, debido al miedo esc閚ico, se le enred la lengua, se trab y fue un momento bochornoso para 閘. Sinti que hab韆 fracasado.

Poco tiempo despu閟, Barclays se pele en televisi髇 con Alan Garc韆, a quien acus de estar medio loco y haber sido dormido cl韓icamente, sometido a una "cura del sue駉". Rencoroso, el presidente se enfad tanto con Barclays que lo hizo despedir de la televisi髇. Barclays tuvo suerte: fue fichado para conducir un programa sobre pol韙ica internacional en Santo Domingo. Estando de paso en San Juan, Puerto Rico, se encontr con Vargas Llosa, quien lo invit a cenar y, enterado de que Barclays pasar韆 una semana en esa ciudad, le sugiri que se alojase en la casa del c髇sul de Espa馻 en Puerto Rico. Barclays qued impresionado por la amabilidad del escritor, quien habl con el c髇sul espa駉l, Juan Ignacio Tena, y le pidi que recibiera en su casa al periodista. Tena, que hab韆 sido embajador en Lima, no dud en invitar a Barclays a su mansi髇. Mejor todav韆 para Barclays, el c髇sul y su esposa viajaron al d韆 siguiente. Barclays se qued solo, atendido por el numeroso servicio dom閟tico, en el consulado. Se dedic a fumar marihuana en los jardines y la piscina de la mansi髇. Vivi d韆s cinematogr醘icos. Se sinti un magnate o una celebridad o un embajador decadente.

Al a駉 siguiente, el presidente Alan Garc韆 tuvo la p閟ima idea de confiscar los bancos y Vargas Llosa se opuso a semejante barbaridad. En v韘peras de un mitin en el centro de Lima, Vargas Llosa llam a Barclays a su casa y le pidi que hablase en el mitin, antes de que 閘 pronunciase el discurso estelar. Barclays acept la invitaci髇 y prepar un discurso virulento, flam韌ero, atrabiliario contra su enemigo, el presidente. Pero, horas antes del mitin, Vargas Llosa volvi a llamarlo a su casa, lo llev a su dormitorio y le dijo que era mejor que no hablase. Alguien le hab韆 dicho que Barclays era un fumador habitual de marihuana y un consumidor ocasional de coca韓a y que, peor a鷑, hab韆 abandonado sus estudios de leyes en la universidad. A pesar de que hab韆 ensayado durante horas su discurso frente al espejo, modulando la voz y agitando los brazos, Barclays tuvo que aceptar, derrotado, que no hablar韆 aquella noche, anunciando el fin del mundo.

Cuando Vargas Llosa lanz su candidatura presidencial, una televisora de Lima fich a Barclays y le dio un programa para apoyar la candidatura del escritor. Todas las noches, Barclays cavaba una trinchera, apuntaba con el fusil de su lengua viperina y disparaba tiros contra los enemigos de Vargas Llosa, que eran tambi閚 sus enemigos. A pesar de sus esfuerzos para que Vargas Llosa ganase, a pesar de que entrevist hasta a la esposa de Vargas Llosa para conseguirle m醩 votos, a pesar de que cada noche sal韆 en televisi髇 con la vincha del partido de Vargas Llosa, el periodista Barclays no pudo evitar que Vargas Llosa perdiera, y la derrota les result tan insoportable a ambos que decidieron irse del Per.

Mientras Vargas Llosa escrib韆 sus memorias pol韙icas en Berl韓, Barclays escrib韆 a mano su primera novela. La comenz en Madrid, donde vivi un a駉, y la termin en Washington, donde vivi dos a駉s. Cuando por fin concluy aquella novela, se la envi por correo a Vargas Llosa. De nuevo, Vargas Llosa actu con extraordinaria generosidad: ley el mamotreto, dijo que le hab韆 gustado y habl con sus amigos en Espa馻, hasta que convenci a los jefes de la editorial Seix Barral para que publicasen la novela, a la que adem醩 apadrin con una frase elogiosa. Desde entonces, Barclays dijo que le deb韆 a Vargas Llosa su carrera como escritor en Espa馻. Siempre que pasaba por Madrid, saludaba a Vargas Llosa, y a veces sal韆n a cenar o al cine, y lo mismo ocurr韆 cuando Vargas Llosa visitaba Washington, donde Barclays viv韆.

Cuando cay la dictadura de Alberto Fujimori, tanto Vargas Llosa como Barclays apoyaron la candidatura presidencial de Alejandro Toledo. Pero, poco despu閟, Barclays se pele en televisi髇 con Toledo, a quien acus de no reconocer a su hija biol骻ica, Zara. El esc醤dalo de la hija negada de Toledo provoc la primera guerra del fin del mundo entre Vargas Llosa, que continu apoyando a Toledo, y Barclays, que le declar la guerra a Toledo, a quien acus de canalla, tramposo y mentiroso. As las cosas, Vargas Llosa fustig a su antiguo protegido Barclays, llam醤dolo chismoso, intrigante y snob, y Barclays defendi la candidatura de una se駉ra puritana de derechas. Ya en la segunda vuelta, Vargas Llosa sigui apoyando a Toledo, mientras Barclays, puesto a elegir entre Toledo y Alan Garc韆, anunci que votar韆 en blanco, y lo mismo hizo el hijo de Vargas Llosa, 羖varo, quien tuvo la decencia de romper con Toledo por el esc醤dalo de la hija. Debido a ello, el hijo de Vargas Llosa se distanci de su padre y dej de verlo durante dos o tres a駉s. Vargas Llosa culp a Barclays de haber envenenado a su hijo contra 閘.

Unos a駉s despu閟, Vargas Llosa y Barclays se encontraron en la feria del libro de Guadalajara, M閤ico. Vargas Llosa le dio un abrazo y le dijo cosas c醠idas y elogiosas. Aquella noche en Guadalajara, Vargas Llosa y Barclays fueron a cenar juntos. No sab韆n que ser韆 la 鷏tima vez que se ver韆n.

Porque, lamentablemente, volver韆n a pelearse, y de nuevo por culpa de los pol韙icos. En unas elecciones presidenciales, Vargas Llosa apoy al candidato de la izquierda chavista, el excapit醤 Humala, y Barclays, enemigo de la izquierda chavista, anunci que votar韆 por la hija del exdictador, la se駉ra Fujimori. De nuevo, Vargas Llosa y Barclays se fueron a la guerra del fin del mundo: uno dec韆 que el mundo se acabar韆 si ganaba la se駉ra Fujimori y el otro, no menos apocal韕tico, gritaba en televisi髇 que el mundo se acabar韆 si ganaba el se駉r Humala. Barclays acus a Vargas Llosa de rencoroso y de odiar a la se駉ra Fujimori solo por ser la hija del dictador. Vargas Llosa declar que Barclays era un desleal y un malagradecido, y record que 閘 hab韆 apadrinado la primera novela de Barclays, quien ahora, ingrato, lo llamaba rencoroso. Al final gan Humala y, por supuesto, el mundo no se acab. Pero la amistad entre Vargas Llosa y Barclays pareci sepultada por tantas palabras cargadas de vitriolo y acrimonia.

Han pasado m醩 de diez a駉s y no han vuelto a verse. Barclays se arrepiente de haberse peleado de nuevo con Vargas Llosa, solo para defender a una jefa pol韙ica y atacar a un fantasm髇 pol韙ico. Esa jefa est presa y el fantasm髇 a buen seguro volver a la c醨cel porque ambos recibieron dineros indebidos. Barclays piensa que es una pena que dos escritores se peleen por razones pol韙icas. 縎e pelear韆n dos pol韙icos por razones literarias, porque uno defiende a un escritor y otro defiende a una escritora? La pol韙ica, piensa Barclays, es un veneno, y no deber韆 envenenar la amistad de dos escritores. No debi llamar rencoroso a Vargas Llosa. De hecho, Barclays no es menos rencoroso que su maestro. Y la literatura y el arte, piensa ahora Barclays, probablemente se originan en esa zona oscura llamada rencor.

EL AUTOR. Este art韈ulo fue publicado originalmente en Per 21 (Per). Alfredo Bullard es un reconocido arbitrador latinoamericano y autor de Derecho y econom韆: El an醠isis econ髆ico de las instituciones legales. Bullard es socio del estudio Bullard Falla y Ezcurra Abogados.

Esta nota habla de: