Los ajustes y la hipocresía

En medio de todo este circo de negociaciones con el FMI, lo único que creció fue la desconfianza,

Rodolfo Cavagnaro

El ministro de Economía, Martín Guzmán, expuso esta semana ante gobernadores, empresarios y sindicalistas las líneas principales de la negociación del Gobierno con el FMI. Se trató de una simple descripción, sin detalles ni números, pero con consideraciones cargadas de aspectos emocionales y un remate de "estamos defendiendo el interés de la Nación; quien quiera defender a la Nación debe encolumnarse con el Gobierno". Sin dar detalles pidió apoyo advirtiendo que quien no lo hace está en contra de la Patria. Toda una declamación de autoritarismo.

Según detalló el ministro, el problema central está en el aspecto fiscal, es decir, el volumen del gasto público y la forma de financiarlo. Según trascendidos, las diferencias se mostraron en la disminución del déficit fiscal. Los técnicos del FMI querían al principio 4 años, pero el gobierno estiró el plazo a 7 años. La respuesta fue: lo queremos en dos años.

Otro de los temas en debate fue el de los aumentos de tarifas. El FMI pide que se aumenten un 10% real hasta alcanzar el atraso real que es del 50%. El gobierno plantea un ajuste nominal del 30% y la diferencia financiarla aumentando los subsidios. Además, en forma sistemática, el ministro dijo que los pedidos del FMI implicaban un ajuste que generaría detener el crecimiento actual de la economía argentina.

Los detalles del ajuste

Es muy interesante porque los políticos en general tienden a pensar en ajustes cuando hay que aumentar impuestos para financiar excesos en el gasto público. Siempre los ajustes de la economía en Argentina le pegaban al sector privado y a los sectores de clase media y clase baja. Nunca el ajuste fue al gasto público, que beneficia a la clase política.

En los detalles que se conocieron es real que un aumento de tarifas les pegaría a los sectores productivos y a los asalariados. También, el aumento de las tasas de interés bancarias, sin ser el necesario para desalentar la demanda de dólares, hará crecer los costos del crédito productivo y de consumo. Más intereses implican menos actividad.

Si bien no hay anuncios respecto de los impuestos distorsivos, está claro que se aumentó el impuesto a los Bienes Personales y se autorizó a los gobernadores a crear nuevos impuestos y a aumentar los peores, como Ingresos Brutos. Si esto no es ajuste, ¿el ajuste dónde está?

El ministro y el Presidente salieron a hacer militancia contra el ajuste cuando todos sabemos que el problema argentino es el exceso de gasto público y que lo que hay que hacer es bajar el gasto. Ese es el ajuste que Argentina necesita y que los políticos resisten poniendo a los pobres como excusa, cuando son los principales perjudicados.

La diferencia esencial entre los técnicos del Fondo y los del Gobierno está en que mientras Fernández y Guzmán no quieren bajar el gasto sino aumentarlo y tener el visto bueno para aumentar algunos impuestos y bajar muy lentamente la inflación, porque altas tasas de inflación significan importantes aumentos de ingresos para el Gobierno

Un juego de hipocresía

El Gobierno cree que haciendo una manifestación de fuerza en la que se junten gobernadores, intendentes, diputados, senadores, sindicalistas y empresarios le podrán torcer la mano al FMI y, sobre todo, podrán infundir temor en el Gobierno de EE.UU.

Un juego de voluntarismo, como el de acercarse a una organización de países que están contra EE.UU. Lo que no explican por qué están en contra y que tan bien les fue estando en contra, cuando lo único que han logrado es consolidar regímenes autoritarios con apariencia democrática.

Lo cierto es que hasta ahora no se conoce ningún plan, mucho menos uno plurianual, como había prometido el Presidente. Y más allá de algunas definiciones macro que dio el ministro Guzmán, no hubo ninguna precisión acerca de las políticas que se aplicarán para conseguir sus objetivos.

Hasta ahora no hay elementos que permitan apreciar definiciones claras. Con la inercia inflacionaria que dejó 2021, más la cantidad de moneda emitida en los dos últimos meses del año, la tasa de inflación no debería ser más baja, sino más alta. De la misma manera, la tasa de crecimiento no repetirá los crecimientos de 2021, porque se comparó contra un 2020 casi parado.

En medio de todo este circo de negociaciones lo único que creció fue la desconfianza y eso se verifica en la caída de las inversiones y la pérdida de dólares. Y como consecuencia se reforzaron los cepos, lo que agudizó la huida de los inversores y la pérdida de dólares.

Mientras tanto, entre hipocresía y voluntarismo, es notable la forma en que los gobernantes tratan de avanzar llevándose por delante la lógica y el respeto por la población. Lo actuales niveles de desempleo, pobreza e indigencia no van a mejorar mientras no se recupere la confianza y se retomen las inversiones.

En la forma que se están manejando uno puede, en principio, esperar que 2022 sea peor que los años anteriores. Más allá de una buena cosecha de trigo y mediocres cosechas de maíz y soja, que le aportarán algunas divisas, el gobierno no tiene argumentos para terminar el año y seguir gastando a la misma velocidad.

Y por detrás, está el mayor problema. Y es que nadie sabe si Cristina aprueba lo que se hace. Quizás la teatralización del ministro Guzmán, haciéndose el malo con el FMI, estuvo dedicada a la Vicepresidenta, aunque hizo enojar a los técnicos del FMI. Seguiremos mirando con atención.

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