Libertadores: 10 horas; Pehuenche: 10 minutos

El viaje por Pehuenche es un paseo placentero, con buenos caminos y en medio de un paisaje encantador.

Pablo Lacoste

Resulta notable la asimetría de tiempo de espera en la frontera para ir desde Argentina a Chile por la provincia de Mendoza. Esta es la única del país que tiene dos pasos habilitados: Libertadores y Pehuenche. Sin embargo, uno de ellos está totalmente colapsado (10 horas de espera para realizar los trámites aduaneros) y el otro se encuentra completamente expedito (10 minutos en promedio).

¿Por qué ocurre esto? ¿Por qué 40.000 personas se han agolpado en los últimos años en Libertadores, sufriendo el desgaste de permanecer a 3.000 metros de altitud, con niños, ancianos, mujeres embarazadas, en vez de ir por Pehuenche?

Al parecer, sólo hay una explicación: al parecer, para la mayor parte de los mendocinos, la provincia termina en el río Mendoza. Desde allí, hacia el sur, solo tendríamos el Valle de Uco, lugar glamoroso de vinos y enoturismo. Y poco más.

El mendocino medio está intoxicado de macrocefalia. Vive en el Gran Mendoza, y piensa en pequeño, sin conocer la totalidad de su gigantesca provincia. Y el Paso Pehuenche está totalmente fuera de su radar.

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Por eso, se sabotea a sí mismo, sometiendo a su familia y amigos a la tortura que representa permanecer diez horas en Alta Montaña, donde no hay equipamiento ni instalaciones adecuadas para satisfacer las necesidades fundamentales de miles de personas.

¿Qué es Pehuenche? ¿Cuáles son sus ventajas y desventajas con respecto a Libertadores?

Naturalmente, para el habitante del Gran Mendoza que va de vacaciones a Viña del Mar o Con Con, el viaje por Pehuenche representa un camino más largo. La distancia se extiende en 400 kilómetros.

El camino está en excelentes condiciones, totalmente pavimentado. No circulan camiones. Solo algunos pocos autos. Esa distancia se cubre en menos de 4 horas, lo cual es claramente inferior a las 10 horas de espera angustiosa en Libertadores.

Además, se trata de un paseo maravilloso, de gran belleza. Al ir por Pehuenche, el mendocino descubre la magnitud y belleza de su provincia. Puede realizar una escala en Malargüe, para estirar las piernas y degustar el famoso chivito de Malargüe, una delicia que solo conocen los lugareños. Luego siguen paisajes sublimes, tanto en Bardas Blancas como en Las Loicas y la Laguna del Maule. Más adelante, conecta con la red troncal de rutas nacionales chilenas, perfectamente bien conservadas. Resulta recomendable realizar una segunda parada, para estirar las piernas y tomar algo fresco, en Cumpeo, el legendario pueblo de Condorito, la caricatura emblemática de Chile. Se trata de una villa temática, dedicada a representar de múltiples maneras a Condorito y sus amigos. Se toma allí un helado o una bebida, mientras los niños toman fotos entre risas y juegos. Poco después, se toma la Ruta 5, que es de las mejores de América Latina, con altos estándares de calidad y seguridad. Finalmente se llega a destino, después de un viaje que en el fondo, representa un día de paseo signado por excelentes caminos y grandes bellezas escénicas.

Ahora bien, si abro la cabeza, y en vez de ir a los trillados destinos turísticos de la región de Valparaíso, puedo encontrar sorpresas interesantes y caminos más cortos. Las playas de Pichilemu, situadas frente al Valle de Uco, son muy interesantes, sobre todo para los amantes del surf (tiene las mejores olas del mundo para ese deporte). En este caso, la distancia de viaje desde la ciudad de Mendoza hasta la playa de Chile se reduce en 200 km con respecto a Viña del Mar. Además, tiene la ventaja de ofrecer la posibilidad de conocer otros territorios interesantes, como Santa Cruz, primera ruta del vino de América, con cinco museos de primera calidad internacional, todo ello con buena gastronomía y diversas actividades interesantes.

Con respecto a las distancias, algunas precisiones. El viaje de Mendoza a Viña del Mar por Libertadores supera los 400 km, por un camino sobre saturado de camiones, micros y automóviles. Ello incluye las 10 horas de espera en Libertadores, a 3.000 metros s/n/m y sus consecuencias sobre el físico. A ello se suma el estrés, la alta accidentología (100 víctimas anuales sólo en el tramo argentino) y el malhumor de tratar con personal aduanero estresado y agotado, y mil problemas más.

En contrapartida, el viaje de Mendoza a las playas chilenas por Pehuenche, tiene una extensión de 870 km a Viña del Mar y 670 km a Pichilemu, sin esperas en la frontera, sin camiones y casi sin tránsito. El esfuerzo del auto es menor, porque este paso es mucho más bajo: solo 2.500 metros de altitud contra 3.200 de Libertadores. Las pendientes son suaves, no hay caracoles ni curva de la soberanía ni lugares tan complejos. La conducción es mucho más segura y placentera, porque hay mucho más espacio. La mayor parte del camino tiene espacio a ambos costados de la ruta, lo cual es mucho menos peligroso. Los accidentes son muy escasos, justamente por esta mezcla de bajo flujo vehicular y mayor amplitud. No hay lugares altamente peligrosos como la "curva de la muerte", la curva de la Soberanía y los caracoles del lado chileno. Nada de eso. No hay curvas cerradas ni caminos de cornisa. El viaje por Pehuenche es un paseo placentero, con buenos caminos y en medio de un paisaje encantador.

La experiencia de ir a Chile por Pehuenche sirve para ganar en calidad de vida, ensanchar la conciencia del patrimonio nacional e incrementar la valoración de las bellezas naturales y culturales de la Provincia de Mendoza. Además, sirve para extender las vacaciones, porque el día del viaje, en vez de ser una jornada perdida por estrés y mal humor, se convierte en una experiencia enriquecedora y atractiva, llena de sorpresas y belleza.

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