Insulza y el traspié chileno: "La gente nunca supo bien cómo se iba a gobernar el país con la nueva Constitución"

"Por mucho que se haya dicho de que se trataba de una Constitución 'para los próximos 40 años', la gente votó en función de lo que está viviendo hoy", dijo el senador chileno y destacada figura nacional e internacional José Miguel Insulza en diálogo con Gabriel Conte y Santiago Montiveros en el programa "Tormenta de Ideas", por Radio Nihuil.

G. Conte y S. Montiveros

El exministro del Interior de Chile, excanciller, exsecretario general de la OEA José Miguel Insulza, que actualmente ocupa una banca en el Senado, analizó a fondo qué pasó y qué puede pasar en su país después de la derrota del cambio propuesto para la Constitución.

Insulza reconoció que apoyó a a opción derrotada del "Apruebo", pero se sinceró al señalar varios errores del texto propuesto. Además, dijo que no está vigente la denominada "Constitución de Pinochet" y explicó por qué en diálogo con el programa "Tormenta de Ideas" que los sábados a las 8.30 se emite por Radio Nihuil

Avala que se reforme, ya que rige -analizó- "una Constitución de transición". Pero opinó que no habría que activar de inmediato el proceso para que se vote de nuevo.

Le teme a algo más que a una "argentinización" trasandina: que vuelvan a tomar las calles en violentos estallidos.

Insulza sostuvo que la gente le planteó que a las desigualdades existentes en Chile se les proponía "una nueva desigualdad", al exagerar la condición de plurinacionalidad, por encima de países con mucha población aborigen, como Bolivia.

- ¿Cuál es su primera mirada sobre los resultados del Plebiscito de Salida Constitucional en Chile?

- Es un resultado nuevo, porque la ley que decidió el cambio de la Constitución estipuló que el voto del Plebiscito de Salida era obligatorio. Por lo tanto, lo primero que hay que considerar que este es un fenómeno completamente nuevo. Lo que apareció fue un importante grupo de gente de centro independiente que convocó a todo el mundo a votar en contra y que tuvo éxito.

Ahora, a esto quiero ligarlo con una cosa que ustedes deben conocer bien porque se usa en todos los países cuando se hacen encuestas electorales: hay una pregunta clásica que propone elegir "en un continuo del 1 a 10, en donde la extrema izquierda es el 1 y la extrema derecha es el 10, ¿dónde se ubica usted?". Y desde hace mucho tiempo, dos tercios de las personas eligen el 5, el 6 o el "no sabe" o "no contesta". Esto a lo que en Chile hemos denominado como "5 6 99" se expresó nuevamente en el electorado, creando un problema muy difícil, porque descolocó tanto a los que querían sostener la Constitución que había como a los que querían aprobar la nueva que se estaba haciendo.

- Más allá de izquierdas o derecha, pude ver en Santiago un fenómeno que pasaba porque mucha gente se oponía a que Chile se transformara hacia una plurinacionalidad. ¿Fue un error incluir eso?

- E tema plurinacional era importante, pero a mi juicio había otro que permea al conjunto y es que a una Constitución usted puede pedirle que enumere bien los derechos de las personas, y eso es una buena cosa. Una Constitución que no contiene ben los derechos es una mala Constitución. Pero una Constitución que no es clara en la forma de gobierno y en la cual existe mucho caos en el poder de la presidencia con los poderes legislativo y judicial, no es una Constitución. La gente nunca supo realmente bien cómo se iba a gobernar este país después de aprobar la Constitución. 

Confieso que yo estuve a favor de aprobar la propuesta, pero propusimos un documento para cambiar una serie de cosas. Naturalmente, la pregunta que nos hacían era "si la van a cambiar después, ¿por qué la vamos a aprobar ahora? ¿Por qué no la cambian primero?". Pero la población no está reacia ni contraria a otra propuesta de texto constitucional. Ahora aparecen algunas dudas en torno a si se hace tan de inmediato, ya que todas las fuerzas políticas de izquierda, derecho y centro, de armar un calendario para tener una nueva Convención. Pero creo que no es poca la gente que nos dice "mira, ¿por qué no esperamos un tiempo?".

- ¿Usted cree senador que miraron alrededor de Latinoamérica y no les gustó lo que vieron, y por eso votaron en contra?

- Yo creo que algo de eso hay. Pero más que mirar al resto de América Latina se miró mucho lo que pasa en Chile no solamente en este gobierno, sino también en el anterior y yo me atrevería a decir que en los dos anteriores, ya que el crecimiento económico se ha detenido muy sustantivamente. Hemos tenido bajo crecimiento y eso contrasta con las crecientes demandas de la ciudadanía por mejorar sus salarios, por tener mejores servicios, etcétera. Eso viene pasando hace tiempo. Hemos tenido en estos últimos años un aumento de la criminalidad que ha sido muy fuerte y usted sabe, los medios de comunicación, más allá de sus colores políticos, disfrutan presentándole a su audiencia todos los días en la mañana los asesinatos, las muertes, los asaltos. Y la verdad es que sí: hay un aumento de los homicidios que preocupa a mucha gente por sobre todo el delito.

Finalmente, hay que analizar que ha habido toda una ola migratoria sobre todo en algunas partes del país que no conocíamos. Chile es un país con muy pocos inmigrantes. De pronto, eso se transformó en casi dos millones de personas, sobre todo en el norte de Chile y en la capital. A mi juicio, también hubo una negativa división en torno a cómo se están llevando los temas migratorios, lo que tuvo un papel importante. 

Por mucho que se haya dicho de que se trataba de una Constitución "para los próximos 40 años", la gente votó en función de lo que está viviendo hoy.

Insulza junto al mendocino, exembajador en Chile, José Octavio Bordón.

- Concretamente, ¿por qué hay que cambiar la Constitución? ¿Qué es lo que tiene la Constitución actual que impide el desarrollo de Chile?

- Nosotros lo decimos: "es la Constitución de Pinochet". Pero la Constitución de Pinochet se dictó en 1980 y antes de retornar a la democracia, en el '89 se reformó en muchos aspectos. Durante el curso de los años de democracia, que son cerca de 30, la Constitución fue sufriendo distintas modificaciones, algunas durante la presidencia del gobierno del presidente Ricardo Lagos donde se eliminaron gran parte de los denominados "enclaves autoritarios", como por ejemplo, que se declaraba al sistema democrático como "una democracia protegida" y entonces se le pedía a las Fueras Armadas que se hicieran cargo de protegerla. Todo eso se eliminó y entonces quedó un híbrido, entre lo que yo llamaría como la "democracia autoritaria" que pensó Pinochet y lo que la gente valoraría como una verdadera democracia. 

Por eso, la Constitución que hay que cambiar no es la Constitución original de Pinochet de 1980, sino esta especie de "Constitución de transición" en la cual los derechos están incluidos más como "facilidades para quienes quieran proveer derechos" que como beneficios para quienes los van a recibir. O sea: habla más del derecho a tener todos los beneficios educacionales que definir sobre la obligación estatal de proveer educación para todos. Todas esas cosas hacían que esta fuera una "Constitución de transición" y se trataba de ponerle fin a esta situación con un nuevo texto constitucional. 

Pero, para hacer una confesión franca, creo que el texto propuesto para la nueva Constitución no era bueno. Además, la Convención Constitucional se encerró en sí misma y se sintió, como a algunos les gusta decir en nuestros países "el pueblo constituyente" y de pronto, a la gente tampoco le gustó eso. No le gustó lo que veía en las pantallas de televisión. Ni las cosas que se proponían, por lo que no hay que desdeñar esa opinión.

Ahora, lo de los pueblos originarios, es natural que en un país que tiene un 12,5% de su población con esas identidades, su propuesta de Constitución era "más avanzada" inclusive que la de Bolivia, que tiene 60 o 70% de su problación originaria. Mucha gente, incluso en sectores populares que la rechazaron muy fuerte, pensó: "Ya tenemos una forma de desigualdad y ahora nos están creando otra". Eso me lo dijeron a mí también por la calle. No es que se haya difundido mal ni que hubo mucha propaganda o fake news, ya que hay fake news para todo, es simplemente que la gente, y sobre todo, la gente "nueva" que votaba porque le exigieron que votara, no le gustó.

- Usted es parte del grupo que puede considerarse como los padres de la nueva democracia en Chile. ¿Piensa que el electorado chileno se apresuró en "jubilarlos" de la política cuando eligieron a Gabriel Boric? Algo que también se dio en el Plebiscito de Entrada para elegir convencionales constitucionales.

- Eso es bien interesante, porque fíjese usted que por ejemplo, a las personas que salieron del gabinete ahora se les achacaba no tener experiencia. Se los acusaba de cometer errores infantiles y todo lo demás. ¡Pero justamente eso es lo que se le pidió a la política! Lo que se pidió en la elección de Gabriel Boric era un cambio generacional, pero también en el gobierno. No era un cambio de nombres. Se esperaba una mirada fresca como la que Boric representó de alguna manera. Pero el gobierno de Boric entró en un momento difícil, complicado para el país: con una crisis económica, problemas en las calles, con el sistema de seguridad pública, problemas en La Araucanía. Y la verdad es que ha tenido dificultades para enfrentarlos, por lo que de pronto, la ciudadanía ha empezado a pedir más experiencia.

Algunas de las figuras del nuevo gabinete recién configurado, son mujeres que tienen experiencia política antigua. Carolina Tohá, la nueva ministra de Interior trabajó conmigo en el año 2003 cuando se hizo la reforma del Estado durante el gobierno del presidente Ricardo Lagos, imagine. Ahora sí: son más jóvenes, no como nosotros, seamos realistas, pero es gente con mucha experiencia.

- Vemos en Chile preocupación por una "argentinización" en muchos aspectos: la polarización o grieta, algunas costumbres que tienen que ver con los mercados... ¿Usted está entre los preocupados por la "argentinización" de Chile?

- Yo creo que los dos países tienen experiencias políticas tan distintas, que difícilmente uno vaya a copiar al otro, ¿no? Creo que es importante señalar que este (Chile) es un país en el que generalmente los estallidos sociales son muy poco frecuentes en la historia, pero son muy fuertes y más violentos que los que pudieron haber en Argentina. Yo veo que la gente le tiene más miedo a un nuevo estallido aquí que a una "argentinización". Claro, es más fácil desde la política hablar de la "argentinización" o "venezuelización" o hacerca de que se quiera "cubanizar" al país, pero la realidad es que lo que está en vilo es el riesgo de un proceso algo más complicado.

Nosotros tenemos una inflación que llegó al 13%, lo cual en otros países puede ser considerado como una cosa casi soñada. Pero en un país que lleva 30 años con 3% de inflación como mucho, la verdad es que no deja de ser una cosa fuerte.  Nuestros jóvenes están conociendo la inflación. Nuestros jóvenes están conociendo la escasez. El Banco Central anunció un crecimiento negativo para Chile en el próximo año. Por lo tanto, hay temor a una situación compleja que se manifieste en las calles que despierte algo que se vio: con el Plebiscito la gente "despertó" y todo el mundo se siente obligado a participar. 

Escuchá la entrevista completa abajo (con la reacción de la audiencia incluida) y si no podés hacerlo, clic aquí:

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