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El vino y los jóvenes: nuevas tendencias y desafíos para el vino mendocino

Marcelo Calabria indaga sobre uno de los aspectos más relevantes hoy en la industria vitivinícola: el futuro. De allí, cómo conquistar el interés por los más jóvenes.

Juan Marcelo Calabria

Participando en algunas de las interesantes ferias de vinos que se realizan en nuestra provincia, notamos que en los últimos años, no es ninguna novedad por cierto, los jóvenes han tomado un gran protagonismo en el mundo del vino, por atracción, por moda, por curiosidad, o por todas esas razones los cierto es que las famosas "wine fair", se han convertido, además, en un excelente lugar de encuentros con amigos, aparte de sus tradicionales objetivos de cata, degustación y promoción de los vinos mendocinos.

Lo cierto es que el vino, esa bebida ancestral que ha acompañado a la humanidad a lo largo de los siglos, está experimentando una transformación en su relación con los jóvenes. Antaño considerado como un placer reservado a los más adultos e incluso a ciertos círculos, ha mutado positivamente y hoy vemos cómo los jóvenes se acercan al vino con curiosidad y entusiasmo. ¿Cuáles son las tendencias emergentes en el consumo de vino entre esta generación? ¿Y qué desafíos enfrenta la viticultura mendocina en este contexto? Podríamos ensayar varias respuestas que exceden las posibilidades de esta columna, pero en nuestro ávido diálogo con los asistentes a estos encuentros, o bien en las charlas de café con nuestros estudiantes surgen diversos tópicos que pueden darnos una pista de estas nuevas tendencias.

Sin duda la exploración y curiosidad nos da el primer pantallazo en tanto los jóvenes están dispuestos a explorar más allá de los vinos tradicionales, o como algunos los denominan "antiguos", buscan etiquetas menos convencionales, variedades autóctonas y vinos naturales, precisamente con toques "jóvenes", frase que incluso inteligentemente ha comenzado a ser utilizadas en muchas etiquetas que buscan mimetizarse con este nuevo público. En tal sentido cabe destacar que la diversidad de etiquetas mendocinas es su aliada, y esto representa una oportunidad para los productores de nuestra provincia.

El vino frente un profundo cambio de ciclo

Continuando con nuestra improvisada encuesta hemos podido descubrir que los "vinos de autor" y las experiencias que proponen, van cautivando a los nóveles consumidores que no solo buscan una bebida tan icónica y representativa del ser nacional, sino una experiencia innovadora y que además sea la excusa perfecta para los buenos momentos, incluso como una tendencia internacional del consumo. Es así que los vinos de autor, las visitas a bodegas y las catas temáticas son parte de su búsqueda y Mendoza tiene mucho para ofrecer, con su paisaje imponente y su rica tradición vitivinícola, tiene un terreno fértil para ofrecer estas experiencias y mucho más.

Otro de los aspectos que destaca en nuestras charlas con los jóvenes asistentes a estas ferias, son la búsqueda específica de vinos sostenibles y orgánicos, esto se debe a que la conciencia ambiental está en aumento y los consumidores jóvenes se han vuelto los grandes impulsores de la sustentabilidad, las economías verdes y auditores del triple impacto. En un pequeño paréntesis, recordemos que las empresas de triple impacto son aquellas que buscan generar no solo beneficios económicos sino también crear valor social y ambiental para la comunidad donde se desarrollan, y en este sentido las nuevas generaciones son quienes más valoran y buscan marcas que reflejen sus ideales de sostenibilidad y responsabilidad social, y el mundo del vino es un claro ejemplo, en tanto prefieren vinos producidos de manera sostenible, sin químicos agresivos y con el respeto por el suelo y los elementos que les dan su origen y precisamente la viticultura orgánica y biodinámica se alinea con sus valores.

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Entre los principales varietales por el que optan los jóvenes, encontramos la cepa insignia el Malbec, emblema de Mendoza, su carácter frutal y suavidad lo hacen atractivo, al igual que el torrontés con sus características de frescura, floral y perfecto, bien frio, para los días cálidos y las noches de verano para una juntadita improvisada. Al igual que en el resto de los segmentos de consumo el bonarda, una variedad autóctona con gran preeminencia de la zona este de la provincia que está ganando terreno y popularidad por su sabor jugoso y versatilidad a la hora de ofrecer distintos sabores y experiencias en las copas, y por supuesto los vinos rosados, cortes de los más diversos, y los blancos de Malbec que van ganando terreno, y la reciente tendencia de los vinos con menor graduación alcohólica o directamente el vino sin alcohol, toda una novedad en nuestro país, recientemente autorizado por la entidad regulatoria.

Así el mundo joven está impulsando fuertemente la innovación y evolución del vino mendocino, especialmente cuando se trata de satisfacer los paladares jóvenes. Los jóvenes buscan experiencias únicas y personalizadas, y en este sentido, la innovación se convierte en una herramienta esencial. No se trata solo de experimentar con nuevas variedades o técnicas de vinificación, sino de entender el espíritu de una generación que valora la autenticidad y la creatividad. Profesionales de la Enología de toda Mendoza están respondiendo a este llamado con vinos que rompen moldes, que se atreven a ser diferentes. Desde la incorporación de técnicas ancestrales hasta la adopción de tecnologías de vanguardia, la innovación se manifiesta en cada botella. Se están creando vinos que reflejan el terroir de manera más pura, que cuentan historias y que, sobre todo, conectan con los jóvenes en un nivel emocional.

Como todo proceso de innovación y cambio, el desafío está en equilibrar la tradición con la modernidad, en encontrar la manera de que los vinos mendocinos sigan siendo relevantes en un mundo que cambia rápidamente. El gran desafío de competir con otras bebidas que también invitan al disfrute como cervezas artesanales, bebidas blancas dulces, cócteles y demás, el vino debe reinventar su lugar en el gusto y la diversidad. 

Por otro lado, es crucial, como hemos insistido anteriormente, en la educación y comunicación en especial sobre la cultura del vino sus procesos y maridajes, en este sentido la inmersión en las redes y la comunicación efectiva de bodegas e instituciones públicas y privadas es central. La innovación no es solo una cuestión de supervivencia; es una declaración de principios, un compromiso con la excelencia y la pasión por el vino que se transmite de generación en generación. Así, el vino mendocino no solo se adapta a los gustos de los jóvenes, sino que también los inspira a descubrir y apreciar la riqueza de esta cultura milenaria. Así el vino mendocino tiene un desafío apasionante: cautivar a los jóvenes sin perder su esencia. La clave está en la innovación, la autenticidad y la conexión con la tierra. ¡Salud! Y a disfrutar Mendoza.

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