Viejas y nuevas periodizaciones

"El problema al datar las edades de la historia es nuestra ignorancia sobre la exacta fecha de los acontecimientos previos a la era cristiana", postula el autor para fundar su escrito.

Danilo Albero
Escritor

 Releí Retratos en miniatura de Lytton Strachey y un subrayado me trajo a esta nota (que, a cuatro años de la invasión rusa a Ucrania y reciente guerra con Irán, adquiere especial valor). El párrafo de Lytton Strachey dice que, si le preguntaran la fecha en que había comenzado el mundo moderno, respondería que fue el 15 de julio de 1662; ese día se fundó la Royal Society y la ciencia definió, con rigor cartesiano, su lugar en la civilización occidental. Su reflexión me llevó a las periodizaciones, que alguna vez estudié en la primaria y secundaria, y abarcan del paleolítico a la edad contemporánea.

El problema al datar las edades de la historia es nuestra ignorancia sobre la exacta fecha de los acontecimientos previos a la era cristiana: ¿cuándo se pasó de paleolítico al neolítico, en qué año de la edad de cobre a la de bronce, y de ésta a la de hierro? Por la poesía épica de Homero sabemos que, entre el siglo VIII y VII a. C, convivieron bronce y hierro, los dos asegurando un viaje sin regreso al reino de Hades. La divulgación de la escritura permitió ajustar mejor las fechas, justamente porque su primer uso fue en registros contables y administrativos. La fantasía quedó relegada a la poesía y relatos orales, el uso de la prosa estuvo condicionado: primero a la historia, luego a la narrativa.

El tema de las edades de la humanidad o periodizaciones, siempre atrajo la atención de historiadores y hombres de letras; en Metamorfosis, Ovidio define cuatro: Oro, Plata, Bronce y Hierro. Pero quien introdujo la idea de poner años como señal del cambio de edades (y acuño el concepto de periodizaciones, tal cual lo entendemos hoy) fue un profesor alemán de retórica e historia, Cristoph Keller (1638-1607), conocido como Cristophorus Cellarius. Cristoforus Cellarius dividió la sucesión de acontecimientos de la humanidad en tres períodos: Edad Antigua (desde los orígenes del hombre hasta el emperador romano Constantino, fundador de Constantinopla, ciudad de romanos que hablaban griego, en el año 324), Edad Media (hasta la caída de Constantinopla en 1453) y Edad Moderna (hasta el momento de su propia época).

En la actualidad adoptamos otra datación: Prehistoria (anterior a la invención de la escritura); Edad Antigua (desde la invención de la escritura, circa 3300 a. C., hasta la caída del Imperio romano de Occidente en 476 d. C.); Edad Media (476, 1453 o 1492, según el criterio historiográfico adoptado); Edad Moderna (1453 o 1492 hasta 1789, año de la Revolución francesa); Edad Contemporánea (desde 1789 hasta la actualidad).

El historiador Eric Hobsbawm propuso la idea de un "siglo XIX largo", que iría desde la Revolución Francesa a finales del XVIII hasta 1914, cuando el estallido de la Primera Guerra Mundial puso fin al orden liberal burgués del siglo XIX y abrió paso a las modernas dictaduras y guerras. Del mismo modo, habló del "siglo XX corto", que se extendería de 1914 a 1991, con la disolución de la Unión Soviética.

De nuevo frente a la reflexión de Lytton Strachey, me acontece un interrogante: ¿algunos protagonistas fueron conscientes del cambio de edad que ellos marcaron? Tengo para mí que unos pocos sí; ciertamente el 29 de mayo de 1453, cuando Mehmet el Conquistador (Mehmet Fatih) entró a Constantinopla por la Puerta de Andrinópolis y se dirigió hacia Santa Sofía sabía que inauguraba una nueva era, porque él asumía la reencarnación de la nueva Roma, de allí el nombre que usó para autocoronarse: Kayser-i Rum (César de Roma, entendiendo por tal el Imperio de Bizancio). Veintiocho siglos antes, en Egipto, el faraón Amenofis IV, Akhenatón, estableció un nuevo culto religioso centrado en la superioridad de Atón, por encima del resto de panteón egipcio; supo que había creado una religión monoteísta. Además, algo que el ignoró y pervive hasta hoy, su esposa, Nefertiti (que significa la bella ha llegado), estableció un canon de beldad aún vigente en su busto, hoy en el Neues Museum de Berlín, perfil y rostro que recuerdan al de la actriz Audrey Hepburn cuya belleza continúa siendo canónica.

Volviendo a la edad moderna, supongo que también los revolucionarios franceses fueron conscientes de que( merced al invento del doctor Guillotin) ponían fin al derecho divino de los reyes y poderes de la nobleza y estaban escribiendo el borrador de las modernas repúblicas.

Cuando escribo estas líneas, creo que hoy somos conscientes de vivir el paso a una nueva era; la cuarentena mundial por el Covid 19, que se suponía mucho más larga, acarreó interrogantes: ¿abandonaríamos el ceremonial de saludar a alguien con un beso en la mejilla, pensaríamos más de una vez antes de viajar de pie y apiñados en un transporte público? El barbijo, ¿formaría parte definitiva de nuestra indumentaria, al igual que la "distancia social"? Antes, sentarse a la mesa con el teléfono celular prendido e intercambiar mensajes era el colmo de la grosería; pasó a ser habitual y tolerada. ¿Volvería la asistencia masiva a recitales musicales, partidos de fútbol o ceremonias religiosas?; actividades deportivas que requieren contacto físico como la lucha, el box o el judo, ¿se volverán a practicar? ¿Qué sería de la profesión más antigua del mundo?, que ya aparece en el Poema de Gilgamesh, cuando el salvaje Enkidú, que vivía con las bestias identificado con ellas, fue civilizado luego de refocilarse con una ramera sagrada (hieródula), o Rahab, la bíblica de la misma profesión, que protegió a los israelitas en Jericó, y es una de las abuelas del Señor.

Hoy vivimos una realidad que la cuarentena instaló en nuestros hábitos de manera definitiva: el trabajo a distancia, las conferencias y clases por Zoom, la digitalización masiva del trabajo y la educación. El cuestionamiento de la globalización, tal como se había desarrollado desde los '90 del siglo XX se polarizó. Hoy es evidente la bipolaridad estratégica entre China y Estados Unidos, cada uno con su bloque de aliados; como en los años de la Guerra Fría.

Volviendo a la tesis de Eric Hobsbawm: "siglo XIX largo" y "siglo XX corto"; no sería raro concluir que con la cuarentena del Covid 19 empezó el siglo XXI.

Porque, el origen de nuestra literatura, La Illiada, también comienza con una peste.

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