La "revolución Rappi" avanza: más empleo, pero sostenido en el rebusque

Un informe de Econviews revela que el trabajo crece en gastronomía y plataformas, pero impulsado por el cuentapropismo y con ingresos más bajos. Rafael Aguilar advirtió en Radio Post que se trata más de una "compensación" por la caída del empleo formal que de una recuperación sólida.

El mercado laboral argentino muestra señales de actividad, pero con un cambio profundo en su composición. Detrás de los datos de empleo aparece cada vez con más fuerza un fenómeno que combina precariedad, autoempleo y estrategias de supervivencia. La consultora Econviews lo definió como la "revolución Rappi", y su impacto ya es visible en las estadísticas y en la vida cotidiana.

"Nos interesaba ver un poco los datos del empleo formal registrado que salen del sistema previsional, que da una caída muy fuerte, pero al mismo tiempo los números de desempleo no aumentaron todo lo que uno esperaría", explicó el economista Rafael Aguilar en una entrevista realizada en el programa "A pesar de las llamas" por Radio Post. Según detalló, esa aparente contradicción se explica porque "eso un poco se estaba compensando con el cuentapropismo".

El informe, basado en la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), muestra que el sector de hoteles y restaurantes fue el que más empleo generó desde fines de 2023, con unos 140.000 nuevos ocupados hacia 2025. Sin embargo, el dato esconde un cambio de fondo: gran parte de esos trabajadores no están en relación de dependencia.

"Quisimos hacer foco en eso y ver qué estaba pasando dentro del cuentapropismo", señaló Aguilar. Allí encontraron "una suba muy fuerte en la gente que declara que trabaja dentro de la categoría hotelera y turística", pero con una particularidad: "la gran mayoría se desempeña en la calle, en vehículo propio, o desde el hogar".

Ese universo incluye desde repartidores en moto o bicicleta hasta personas que cocinan y venden comida desde sus casas. "Es un poco más amplio que solo el mundo Rappi, también incluye al que de repente empieza a hacer comida o repostería desde su casa", precisó.

Ver:Empleo: se sostuvieron los niveles de informalidad dentro del mercado laboral

El fenómeno, que también se replica en plataformas de transporte, aparece como una respuesta a la falta de empleo formal. "Mucha gente que se está quedando sin trabajo o que necesita otro ingreso para llegar a fin de mes no lo está encontrando en la formalidad, sino en el cuentapropismo", resumió el economista.

Los ingresos reflejan esa fragilidad. Según el relevamiento, quienes realizan estas actividades ganan en promedio unos 500.000 pesos mensuales. "Es bastante más bajo que el promedio de gastronomía en general", indicó Aguilar, y aclaró que se trata de una actividad muy heterogénea: "Hay gente para la que es casi tiempo completo y otra que lo hace 8, 10 o 15 horas por semana como complemento".

En ese sentido, el especialista remarcó que no se trata de empleo informal tradicional, sino de autoempleo. "No hemos visto un aumento tan fuerte en la contratación informal, sino más bien en el cuentapropismo. Esto es más autoempleo que empleo informal", diferenció.

El perfil de quienes se vuelcan a estas tareas también aporta otra clave. "Es un fenómeno mucho más feminizado", señaló, sobre todo en el trabajo desde el hogar. "Muchas veces no se identifican como jefes de hogar, sino como cónyuges, y aparece más como un ingreso secundario para complementar".

Para Aguilar, el crecimiento de estas actividades no implica todavía una transformación estructural positiva del mercado laboral. "Por ahora lo vemos más como un fenómeno de rebusca o de compensación del empleo formal perdido", advirtió. Y agregó: "No parece ser algo más duradero o estable que reemplace a largo plazo esos empleos".

La dinámica se da en un contexto de transición económica, con sectores que crecen y otros que siguen en retroceso. "Desde el Gobierno se la está caracterizando como una transición, con sectores ganadores y perdedores", explicó. Pero en ese escenario, el empleo de calidad todavía no logra recomponerse.

En la práctica, el resultado es un mercado laboral más fragmentado, donde el trabajo existe, pero no siempre alcanza. "Para algunos pocos es una ocupación de 50 o 60 horas semanales, pero para la mayoría está más entre 20 y 30 horas", detalló Aguilar. Y concluyó: "No llega a compensar lo que tiene el empleo formal".

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