El argentino atrapado en el crucero del hantavirus: "Todo cambió cuando murió la esposa del primer enfermo"
Carlos Ferello relató en Radio Post cómo se vivieron los contagios y las muertes a bordo del barco que terminó aislado en el Atlántico. Contó las medidas sanitarias, la incertidumbre para desembarcar y la cuarentena que ahora cumple en Holanda.
"Fue todo muy sorpresivo. Al principio nadie imaginaba que podía ser hantavirus". Así resumió Carlos Ferello, el único argentino que viajaba en el crucero donde se produjo un brote de la enfermedad que dejó tres víctimas fatales y obligó a desplegar un operativo sanitario internacional.
En diálogo con el programa "A pesar de las llamas" por Radio Post, el ingeniero argentino contó en detalle cómo vivió la situación dentro del barco, desde los primeros síntomas de un pasajero hasta la llegada final a Tenerife, en las Islas Canarias, donde las autoridades organizaron el desembarco y el aislamiento de los pasajeros.
Actualmente, Ferello permanece en cuarentena en Ámsterdam, luego de que el gobierno de Holanda enviara un avión militar para trasladarlo junto a parte de la tripulación.
"Ayer el gobierno de Holanda mandó un avión militar a Tenerife para buscarnos y nos trajeron acá a Ámsterdam para hacer la cuarentena", relató.
El argentino explicó que pudo elegir entre permanecer en España o viajar a Holanda, pero decidió trasladarse porque el crucero llegará allí en los próximos días con sus pertenencias.
"No nos dejaron traer prácticamente nada, solo documentos, celular y algunas cosas mínimas. Como el barco va a venir a Holanda, preferí venir acá para recuperar después mis valijas", explicó.
Cómo empezó el brote
Ferello contó que todo comenzó durante la travesía, cerca de la isla Tristán de Acuña, cuando un pasajero empezó a sentirse mal.
"Nos enteramos a mitad de camino que un pasajero estaba enfermo. Viajaba con su mujer, pero en ese momento nadie pensaba ni remotamente que podía ser hantavirus. Parecía una gripe", recordó.
La situación cambió drásticamente cuando el hombre fue desembarcado en Santa Elena y trasladado a Johannesburgo junto a su esposa.
"Cuando estaban llegando, la mujer murió. Ahí se encendieron todas las alarmas y empezamos a entender que podía ser algo mucho más grave", dijo.
Hasta ese momento, según relató, la vida dentro del barco había continuado prácticamente con normalidad.
"Hasta Santa Elena seguíamos haciendo vida normal. Después sí empezamos a aislarnos y a tomar conciencia de lo que estaba pasando", señaló.
Protocolos y aislamiento en el barco
Una vez confirmado el diagnóstico de hantavirus, comenzaron las restricciones sanitarias similares a las aplicadas durante la pandemia de COVID-19.
"Nos pidieron evitar grupos, mantener distancia, usar barbijo y no tener contacto cercano. En el comedor dividieron las mesas para que hubiera la menor cantidad posible de personas juntas", explicó.
Ferello contó que desde entonces desayunaba, almorzaba y cenaba solo, aunque aseguró que el clima dentro del barco nunca llegó a ser de pánico.
"Miedo no. Mientras vos te sentís bien, pensás que no te tocó", afirmó.
Con el correr de los días aparecieron nuevos contagios: el médico del barco, un guía turístico y un pasajero británico, veterano de la Guerra de Malvinas.
"El médico era lógico porque estuvo muy expuesto a los enfermos. También se contagió un guía y un inglés que había combatido en Malvinas. A él lo pudieron bajar recién en la isla Ascensión", contó.
Según explicó, esos tres pacientes lograron recuperarse.
El drama para encontrar un puerto
Mientras crecían las preocupaciones sanitarias, comenzó otro problema: ningún puerto quería recibir al crucero.
"No nos dejaron bajar en Cabo Verde, que era el destino final. Entonces la empresa empezó a buscar dónde podíamos desembarcar", relató.
Finalmente, España aceptó recibir a los pasajeros en Tenerife, adonde llegaron este domingo después de varios días de incertidumbre.
"Allí organizaron todo el operativo sanitario y empezaron las cuarentenas", indicó.
"La reacción mundial me pareció desmesurada"
Durante la entrevista, Ferello también habló del fuerte impacto internacional que generó el brote y de las advertencias sobre un posible riesgo pandémico.
"La verdad me sorprendió muchísimo la repercusión. Creo que todo esto tiene mucho que ver con el miedo que dejó la pandemia del COVID", opinó.
Y agregó: "Me parece desmesurada la reacción mundial. Sí, hubo tres muertos, claro, pero siento que existe un temor muy grande a que vuelva a repetirse algo parecido al COVID".
El viaje que terminó en pesadilla
El argentino contó que el crucero era una expedición especial organizada para recorrer destinos remotos del Atlántico Sur.
"El viaje salía desde Ushuaia, pasaba por Georgias del Sur, Tristán de Acuña, Santa Elena y terminaba en Cabo Verde. Eran casi 9.000 kilómetros", detalló.
Ferello explicó que ya había realizado anteriormente otro viaje similar a la Antártida y que le apasionan las travesías marítimas y la vida al aire libre.
"Me gusta navegar, el mar y este tipo de expediciones. Nunca imaginé terminar viviendo algo así", reconoció.
La asistencia del Gobierno argentino
El ingeniero destacó especialmente el acompañamiento que recibió de las autoridades argentinas durante toda la crisis.
"Desde el Ministerio de Salud hasta el embajador en Tenerife estuvieron permanentemente encima mío", aseguró.
También elogió el trabajo del embajador argentino en Canarias.
"Luis María Sobron se movió muchísimo para gestionar todo con Holanda y ayudarme en cada paso. La verdad es que no me dejaron solo ni un minuto", afirmó.
Ahora, Ferello enfrenta una nueva etapa: el aislamiento obligatorio en Ámsterdam.
"Por ahora me dijeron cuarentena de 40 días. No sé si van a contar los días que ya estuvimos aislados en el barco, pero por el momento sigo encerrado en una habitación", contó.