Lo de Fernández es ignorancia, no xenofobia

La frase que se le reprocha al presidente en la primera visita internacional que recibe, la del español Pedro Sánchez, dejó en ridículo a toda la Argentina. Se lo acusa de "discriminador", pero puede ser peor. Sus disculpas a medias lo dejan atrancado en el barro.

Los dichos del presidente Alberto Fernández deben tomarse como producto de su ignorancia más que de una presunta mala intención. De todos modos, que el Presidente deslice una afirmación tan desatinada ante otro jefe de Estado, solo para caerle en gracia, es altamente contraproducente. Habla mal de sí mismo, pero sobre todo, deja al país caracterizado en la altanería y la soberbia, la mediocridad, con la que se nos ha etiquetado por situaciones como esta sucedidas a lo largo de la historia.

El problema que queda en evidencia es que no es la primera vez que el presidente pide perdón por sus afirmaciones y lo hace a medias, lo que indica que tal vez no sea la última. Lo muestran como dueño de convicciones que muestra contundentes pero efímeras, cambiantes. Su forma de disculparse fue condicional, como cuando culpó al personal sanitario por el crecimiento de las cifras de la pandemia cuando dijo que se habían "relajado".

Un día, por ejemplo, habla de hacer una distribución de tierras incultas porque tiene al lado a un miembro de su partido que es más proclive a la reforma agraria sesentista y al otro, les ofrece garantías a empresarios internacionales. Ninguna de las dos afirmaciones, se sabe, las podrá cumplir. Y cuando eso suceda y deba rendirles cuenta a su dirigente partidario o a los inversores, tendrá otra excusa a mano en el bolsillo, posiblemente liviana como la expresión con la que hoy dijo que "los mexicanos salen de los indios", "los brasileros de la selva" y "los argentinos de los barcos"...

Otra vez Fernández tuvo que salir a pedir disculpas

El presidente no tiene por qué exagerar unas convicciones que tampoco posee ni funda en unos saberes culturales acordes a la investidura que ocupa temporariamente. 

Por quedar bien con un visitante, quedó (y nos dejó) mal con todos. El politólogo Andrés Malamud lo describió en una frase/meme: "Querida, encogí la Patria Grande". Justo cuando desde su sector se llena la boca en torno a la "unidad latinoamericana" y desde el Grupo de Puebla se lo califica como "el Mitterrand de América Latina", tal como lo dijo Marco Enríquez-Ominami en una entrevista de este diario.

Pero hay que insistir en el hecho crucial de que no quiso ofender, se entiende, sino que posiblemente haya sucedido algo peor: que se haya mostrado desnudo, tal como es, ante toda la humanidad.

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