El Arca de Ginés

Hay que conocer quiénes más estuvieron en este entramado, porque queda muy claro que una estrategia de tamaña dimensión no fue ideada y ejecutada solo por el ministro y su secretaria privada, a quién él pretende señalar como dueña de toda la culpa.

El sistema paralelo instaurado para vacunar a amigos, militantes, parientes significó, en los hechos, una línea de autoridades que lo ordenó y supervisó, una lista de funcionarios públicos que lo efectivizaron y finalmente, una cantidad de personas que se vacunaron "por zurda". Todos son responsables. Entre los que recibieron la inoculación, además, también hay agentes del Estado. Al menos se han identificado a tres legisladores a quienes les cabría la misma sanción que se le dio a Juan Ameri, el diputado erótico. Allí están el senador Jorge Taiana, los diputados Eduardo Valdés y Juan Vázquez.

¿Y la secretaria privada? En una Argentina tristemente previsible, la asistente de Ginés González García que atendía el teléfono para coordinar la vacunación trucha puede convertirse en el título de todos los medios durante años, como chivo expiatorio de las culpas de los mandamás, aunque objeto de la "obediencia debida". La que daba los turnos por la tangente no resulta bajo ningún análisis la responsable total del escándalo que sumerge a la gestión de la pandemia en un descrédito inoportuno e inusitado. Pero podría ser la parte fina del hilo, por donde se cortará, tal como lo anticipó sin escrúpulos el propio ministro en su texto de renuncia.

Lo ocurrido es grave por muchos motivos, pero centralmente porque el concepto general de la vacunación es evitar muertes y el ministro (y su equipo, de donde sale ahora su reemplazante) decidían a dedo a quienes salvar y a quiénes no. Las vacunas utilizadas para sus propósitos dejaron de ser puestas en otras personas que la están esperando, desesperadamente.

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González García y su equipo oficiaron de Noe, armando un Arca de Ginés para salvar a los más cercanos, importándoles un rábano el resto de la sociedad y los protocolos de una política pública seria. Bananeramente, actuaron con la viveza criolla que aparece más habitualmente de lo esperado en personas con altísima responsabilidad de Estado.

Por eso hay que conocer quiénes más estuvieron en este entramado, porque queda muy claro que una estrategia de tamaña dimensión no fue ideada y ejecutada solo por el ministro y su secretaria privada, a quién él pretende señalar como dueña de toda la culpa.

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Lo primero que surgen son las coartadas y excusas. Pero para eso existe la ley: para decir qué está bien y qué mal a todos, e impedir que las costumbres de grupos, tribus, hermandades o partidos tengan atenuantes exclusivos.

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