Y de pronto nos vimos invadidos por el caos y el descontrol

El año termina en medio de muchas muestras de caos y de falta de conducción. Que cada uno se salve como pueda, todos a los botes.

La última semana mostró una serie de eventos que hablan de un grado de descontrol y caos en medio del mal año que estamos viviendo. Distintos episodios dejan una sensación amarga a los argentinos y los mendocinos que esperan otro tipo de respuestas de la conducción política y del comportamientos de los ciudadanos.

De pronto, así de golpe, nos vimos envueltos en un caos en el que parece que nadie tiene respuestas claras para una sociedad que las necesita en distintos ámbitos y situaciones.

En primera instancia se nos vino de golpe el problema de la vacuna rusa que pasó de ser la salvadora a ser el papelón del año. Aún no tiene las certificaciones necesarias para aplicarse a los grupos de riesgo que el presidente anunció que se la recibirían. Nadie lo anticipó, nadie se lo dijo a Fernández y nadie tienen las respuestas que la ciudadanía espera.

Más allá de las cientos de justificaciones de militantes y funcionarios, es una muestra clara de falta de control y de una situación de caos cuando lo que más se necesita es certeza y calma.

Después, y ya en Mendoza, nos encontramos con un aberrante femicidio que posiblemente se pudo haber evitado si los organismos de seguridad hubieran funcionado como deben. Un llamado al 911 pudo salvar la vida de Florencia Romano, asesinada hace ocho días en Maipú, pero desde la cúpula policial prefieren hablar de los muchos llamados que recibe el CEO y culpar a la familia.

No hay justificación cuando la falla de una institución cuesta una vida y nos deja la sensación de desprotección a todos, pero especialmente a las mujeres que -justificadamente- piden que el Estado se haga cargo de su parte de responsabilidad. Peor aún cuando nadie se hace responsable y no se dan los golpes de timón cuando son absolutamente necesarios.

Del caos a nivel conducción pasamos al caos en las calles. La Legislatura prendida fuego ante la mirada atónita de cientos de personas que fueron a una marcha y que vieron como un grupo de violentos aprovechó la oportunidad para socavar parte de los cimientos del Estado. Si la Casa de las Leyes se quema y no hay reacción, si uno de los poderes del Estado es atacado y no hay nadie que lo detenga, no queda más que sentirse desprotegido como ciudadano común y silvestre con escasas herramientas para enfrentar cualquier amenaza.

Finalmente, y después de recorrer el centro de la capital mendocina este sábado, no queda otra sensación que el caos. Miles de personas circulando sin ningún tipo de distanciamiento. Un alto porcentaje sin barbijo y muchos con el tapabocas como una protección para el cuello o con la nariz descubierta, nos demuestran que una parte importante de la población ya le perdió el miedo al covid-19 y cree que lo peor ya pasó. Seguramente, ninguno perdió un familiar o tuvo que pasar malos momentos por el coronavirus, por lo que lo subestiman y no se dan cuenta que la pandemia está más activa que nunca y puede golpear mucho más fuerte.

En este último punto quiero destacar la responsabilidad individual, porque si como ciudadanos no somos capaces de respetarnos y cuidarnos con cuestiones tan simples como el uso de un tapabocas, no esperemos que el mundo a nuestro alrededor funcione como si fuéramos una sociedad respetuosa y preocupada.

De pronto y de golpe, no importa el lado para el que mires, todo son problemas e incertidumbre, las conducciones no tienen respuestas y reiteran las justificaciones que generan más dudas y temor. Es de esperar que la semana que empieza, la semanas cortas y el tramo final del año, nos regalen algo de seguridad y de orden para pensar que el 2021 puede ser un poco mejor que este 2020 duro y preocupante.


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