El peronismo mendocino pena en su laberinto, pero puede salir si así lo decide

El peronismo ya se renovó en 2015, cuando todos decían que el sector de los intendentes era "lo viejo" o "lo mañoso". Hoy perdieron todos, lo nuevo y lo que atrasaba, se redefinieron sectores, hubo pases. Su futuro se define entre romper con el porteñocentrismo, con el ideologismo vertical o buscar un nuevo comienzo mirándose a la cara como mendocinos.

El peronismo exhibe en Mendoza la consolidación de una pérdida de confianza en sus votantes urbanos, lo cual lo enfrenta directamente a lo que define como su esencia de las raíces: el trabajador. 

Los resultados de este domingo no reconocen como única lectura posible un castigo a la conducción actual, sino que posiblemente resulte ser el emergente de un proceso histórico que no logran revertir y que no llega todavía al fondo. 

Esto refuta algunos análisis que surgen desde dirigentes que creen que con un par de palabras de soluciona todo para adelante, con tal de revocar mandatos y hacerse cargo. Pero no es así. La complejidad de lo que le sucede al Partido Justicialista los obliga a mucho más que señalar y culpar. Lo pueden hacer, por supuesto, pero no suman nada a lo sustancial, que es transformarse en una alternativa de poder al armado por Cornejo y Suarez.

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Se acusa a Anabel Fernández Sagasti y se lo hace por su inmenso poder que radica en su relación con Cristina Kirchner. Sin embargo, hay que recordar algunas cosas sobre su presencia en la cúspide de la estructura y candidaturas del PJ:

- Antes de que Sagasti se impusiera en las PASO de 2015, todo lo que no le respondía en su partido era considerado "lo viejo", "lo perdedor", "lo amañado". Su triunfo representó para los peronistas aire fresco y esperanza, que aunque no se concretó en triunfos, tampoco reivindica lo anterior a ella.

- Su existencia les salvó el futuro político a muchos dirigentes peronistas que no lo tenían. A fuerza de entregar cargos al ritmo de sus vínculos porteños, resucitó a figuras que acarreaban otras derrotas, como Jorge Omar Gimenez y Jorge Tanús y sumó a no perdedores que rompieron con sus orígenes antikirchneristas con Juan Carlos Mazzón, como Martín Aveiro.

- Hubo un esfuerzo por abrazar a muchos para catapultarse a 2023. De hecho, el sector de Anabel Fernández Sagasti cedió posiciones en las listas para contener y ahora, con estos resultados, perdió espacio en la Legislatura, tras cedérselos a protagonistas raros y que no reconocen raíces en el peronismo, ya sea cumpliendo órdenes de Buenos Aires, conformando al massismo o esperanzados en sumar votos, como en el José Luis Ramón.

- Muchos fuera del peronismo respiran hondo al señalar que si Fernández Sagasti no estuviera tan apegada a Cristina Kirchner, sería una figura relevante de Mendoza más allá de su círculo íntimo. Con ello, se señala su flanco en la expresidenta y actual vicepresidenta de la Nación, y se alivian al conocer que ese vínculo jamás se romperá y, auguran, eso la condenará al ostracismo mendocino.

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- Los últimos gobiernos del PJ pueden ser el origen de la decadencia. La sumisión a las decisiones verticalistas del gobierno de Cristina Kirchner generó una diáspora: el que no estaba alineado, era expulsado, en un efecto centrífugo totalmente diferente al que consiguiera Néstor Kirchner, el centrípeto, que hasta sumó a los radicales en algún momento de la historia en la "transversalidad" y "convergencia".

¿Por qué estos datos? Porque la recuperación del peronismo parece más posible dentro de un marco en donde todos se reconozcan como parte del fracaso y alienten la construcción, desde abajo, de una nueva identidad, mendocinista y un proyecto palpable para gobernar Mendoza y sin cotillón ideologista al alcance de la mano, como ha venido sucediendo hasta ahora.

Le va a resultar difícil a cualquier peronista que se fue, retornar a las fuentes, porque su casa ya no es la misma. No está el calor de la mística de otrora y, muy posiblemente, sin tanta prensa ni alharaca, se haya consolidado como parte de otro movimiento en el que encontró refugio y fue apapachado sin exigencias de determinado pedigree ideológico: el que armó Alfredo Cornejo sumando vocaciones de poder con más sentido práctico que exigiendo afinidades discursivas.

Hay peronistas dentro del peronismo formal, sin embargo, que en silencio están planteando la posibilidad de volver a fojas cero y, posiblemente, resurgir desde parámetros diferentes a los históricos: la ruralidad, el productivismo, el eje en lo local. Pero eso implicará romper con el porteñocentrismo que los ha venido unificando alrededor de algo que les ha quitado identidad mendocina. 

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No solo tendrán que tener ganas de hacerlo, sino fuerza, temple y perseverancia para aguantar los embates de una dirigencia que, por ahora, ni gana ni cambia ni contiene ni multiplica, pero que tampoco ve en transformarse en "otra cosa" su futuro, sino que sigue dependiendo de una lealtad a un proyecto ajeno.

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