Gatopardismo en el sistema de espionaje argentino: cambian algo para que nada cambie

Qué significa que en la estructura que maneja la información secreta de la Argentina la política siga jugando un rol partidario y no de Estado. Por torpeza, desconocimiento o deliberadamente, los hechos que se conocieron esta semana resultan preocupantes.

Se sabe: la estructura del sistema de espionaje argentino puede ser el guión para una futura muy taquillera película que reúna drama, acción, humor, chascos, momentos desopilantes, terror, muerte, política, sexo, delitos y mucho más.

La reciente filtración de datos de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI) deja al descubierto que quienes llegaron para cambiar su oscuro perfil, tal como lo anunció una vez más un gobierno, el actual, parece ser más una puesta en escena de una comedia de enredos, que una profesionalización de un área que debería servir al país técnicamente para prevenir la actividad criminal a gran escala.

Hay dos aspectos que surgieron esta semana como una novedad recurrente:

- Lo que contó Memo ayer: el funcionamiento de la AFI como bolsa de empleo para parientes de prominentes dirigentes políticos lima cualquier posibilidad de que se pueda creer, al menos, que se esté abordando su funcionamiento desde el punto de vista estrictamente vinculado a la seguridad nacional y de las personas. ¿Qué otra cosa puede hacer allí la parentela política si no acceder a información delicada y ponerla a disposición del jefe del clan familiar y sus conmilitones? Podría tratarse de una casualidad, que justamente se tratara de un experto en análisis de información y con personalidad tan hermética y tanta neutralidad partidaria, que los harían las personas ideales para dirigir la AFI en una provincia o servirle desde algún puesto. Pero no parece ser la matriz del asunto en Argentina, con ningún gobierno. ¿A quiénes están reclutando para el trabajo de espionaje? ¿A punteros sin trabajo? ¿Evitarán que se cometa algún tráfico ilícito o atentado? ¿O accederán a información privilegiada y a escondidas de cualquier sistema de control?

- Lo que deja en superficie la revelación de Cristina Caamaño, la conductora política de la AFI con su gesto de enviarle a la Justicia un listado de nombres y dejándolos en riesgo. Hay algunas cosas que remarcó, a raíz del caso, el mendocino que dirigió hasta hace poco la Escuela Nacional de Inteligencia, Alejandro Salomón, y que citamos textualmente:

  1. El costo de la improvisación. Echaron de la AFI cientos de empleados con larga trayectoria porque no eran del palo político. Ahora ellos mismos por ignorancia filtran información muy sensible que no solo delata a los propios, sino también a personas de servicios extranjeros. 
  2. El daño que han cometido es irreparable. Los convenios que han ventilado se refieren a cambio de información sobre droga, tráfico de personas, lavado de dinero, terrorismo entre otros delitos complejos. 
  3. Algún día se irán, pero el daño ya es irreversible. Ningún país del mundo volverá a creer en la profesionalización de la inteligencia argentina. Algún día pueden creer en lo que están, pero nada les asegura lo que harán los que vienen. Todo es patético.

"Todo es patético". O calculado. El asunto es que ningún gobierno pudo hacer tabla rasa con la SIDE, la AFi o cómo le quieran bautizar en cada show de cambios que no resultan ser tales. Y en todo caso, cuando sucedió no se midieron las consecuencias de desregular el espionaje en la Argentina y permitirles ser "mano de obra desocupada", con su tremendo e incontrolable poder de daño.

A la luz de la pandemia y la economía, podrá ser este un tema que aparezca disminuido en la agenda. Pero puede ser algo así como la raíz de muchos otros males irresueltos que siguen su vida como si nada. Cambian un poquito algo para que en definitiva no cambie nunca nada en su modus operandi.

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