Torrez, los sindicalistas y todo el mundo tienen derecho a expresar su opinión

Un periodista corre las cortinas para que entre la luz en las piezas oscuras y se esfumen los vampiros de la sociedad, los que viven de chupar la sangre de otros. Hay una cadena sectaria para acallar a Marcelo Torrez y aquí esgrimimos a Voltaire: "Yo no estoy de acuerdo con lo que usted dice, pero me pelearía para que usted pudiera decirlo".

Se ha desatado una cacería absurda contra el periodista Marcelo Torrez por un comentario que hizo en la radio. La búsqueda de repudio por su crítica a cierta dirigencia sindical que se niega a volver al trabajo presencial, como el que el resto de la ciudadanía sí ejerce, con los mismos riesgos y precauciones, crece en la medida en que menos se reflexiona sobre la libertad de opinión y más se encierran los sectores en sus microclimas.

¿Qué es lo tan "loco" que ha dicho Torrez? Repitió algo en su cuenta de Twitter: "(...) La dirigencia gremial, salvo raras excepciones, no quiere trabajar y en este caso volver al aula. Si en tiempos normales la misma dirigencia pone excusas, en pandemia mucho más. Los chicos y las chicas necesitan de ustedes en las aulas. Los docentes, los chicos y los padres (no los dirigentes, lamentablemente) saben de qué hablo. Gracias".

Recortaron una parte de lo que dijo en la radio en torno a que "...los docentes quieren estar panza arriba..." sin tomar el resto de la nota, ni la predisposición del entrevistado, ni el análisis completo y hacen circular eso.

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Y no actúan igual con todos, sino con los que no integran su élite. No dijeron nada con la publicación de un exjefe de noticias afín a sus ideas publicó, días atrás, barbaridades en torno a la condición sexual de un exdirigente del Partido Demócrata. Ni reaccionaron sobre la apología del crimen de un humorista/editorialista en una radio porteña de alcance nacional. Eligen: al "otro" no se le permite disentir de su catecismo. Al propio, se le justifica, perdona y hasta ensalza, en pago por su lealtad de secta.

La desmedida reacción en contra de Marcelo Torrez demuestra un resurgimiento de un tribalismo disfrazado de progresismo. Una policía ideológica; un refrito de lo peor que conoció la historia de la humanidad. 

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Hasta se vio en las redes llamados a no escuchar al que piensa distinto, a bloquearlos, a escracharlos y siempre hay alguien dispuesto a hacer dos clics y crear una juntada de forma en Change.org, creyéndose innovador y revolucionario. No quieren otras voces: solo las que ratifican su pensamiento. Y así, nos vamos encerrando en grupos de autoconvencidos, sin permitir el derecho al disenso.

Como decía con ironía Voltaire, "Proclamo en voz alta la libertad de pensamiento y muera el que no piense como yo".

Es fantástico, sano, productivo, enriquecedor, revivificante poder intercambiar puntos de vista enfrentados. Así funciona la democracia y la libertad de expresión. No se trata de gritar tan fuerte como para que lo que diga el otro no se escuche, ni hablar escondidos en grupos de pertenencia para darse manija sin comprender o peor, rechazando al resto, al que no coincide, al que no es parte del mismo núcleo. Esa homogeneidad pretendida es una falacia, es una excepción a la convivencia en la pluralidad de pensamiento y es peligroso que circule empujado por los algoritmos que buscan juntar a los iguales y enfrentarlos a los diferentes.

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¿Por qué escribir esto a raíz de las invitaciones a escupir contra Torrez que me llegan desaforadamente por las redes? Porque:

"Primero vinieron por los socialistas,
y yo no dije nada, porque yo no era socialista.
Luego vinieron por los sindicalistas,
y yo no dije nada, porque yo no era sindicalista.
Luego vinieron por los judíos,
y yo no dije nada, porque yo no era judío.
Luego vinieron por mí,
y no quedó nadie para hablar por mí"

Ni siquiera hay acuerdo sobre quién lo escribió. Me enseñaron que fue Bertold Brecht y me rectificaron señalando como autor al pastor luterano Martin Niemöller. No hay que repudiar a nadie por ello, simplemente tomar el valor del mensaje del poema.

Retomando a Voltaire y en homenaje a la libertad de expresión y de opinión, sin anteponerle supuestas verdades absolutas que no se pueden cuestionar desde sectores sectarios: "Yo no estoy de acuerdo con lo que usted dice, pero me pelearía para que usted pudiera decirlo".

Post data: los escrachadores, además, son supuestos docentes que escriben "Torres" en lugar de Torrez, entre otros errores, como el abuso de mayúsculas y una gramática fatal.

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