Jon Lee Anderson: "Argentina existe como un país excepcional, hermético y casi como un continente propio"

¿Qué es el peronismo y qué, la Argentina? El destacado periodista de The New Yorker, Jon Lee Anderson, en diálogo con "Tormenta de Ideas", el programa de los sábados por radio Nihuil. "Argentina es como un mar picado".

G. Conte y S. Montiveros

Jon Lee Anderson, uno de los periodistas más reconocidos en el mundo, integrante del staff de The New Yorker y columnista de los principales diarios internacionales, se animó a evaluar la política en América Latina y, en particular, la de argentina.

Aunque se excusó por no poder comprender en toda su dimensión el comportamiento político argentino, a partir de lo "complejo", dijo, del peronismo, emitió sus definiciones con la historia en una mano y la realidad actual, en otra.

Anderson dialogó con el programa "Tormenta de Ideas" por radio Nihuil en una entrevista que completó el tramo emitido el 11 de septiembre y en la que se refirió a los atentados de 2001.

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- Yo creo que estamos en un momento en que las ideologías empiezan a opacarse o volverse menos importantes que las afiliaciones de las sociedades. Entre los que realmente se ilusionan con sociedades con más derechos civiles, moderadas, democráticas y los que están un poco en las garras del autoritarismo y sus ilusiones. Lo podemos ver en la misma Latinoamérica porque eso trasciende las antiguas ideologías de derecha e izquierda. Tenemos a Bolsonaro al lado suyo en Brasil, que es un tipo de la ultraderecha, muy trumpista en sus métodos y sus ilusiones. De hecho ha seguido casi fielmente guión de Trump en como degradar una sociedad cívica y convertirla utilizando redes sociales y el verbo favor populista a su favor. Apelando a los instintos más bajos de su sociedad y buscando básicamente una fuerza paramilitar que le da más calle. Estamos hablando de su apelación explícita a la policía militar, a los militares. Pero por otro lado tenemos un Daniel Ortega desatado en Nicaragua. Claro, hace 30 o 40 años se supone que era un joven marxista, sandinista y hoy es un viejo, junto con su mujer, que está comportándose en el poder como si fueran Turkmenistán. Encarcelando y creando leyes para criminalizar a toda su oposición política, sea quien sea, y aboliendo o criminalizando, inclusive, la presente de ONGs y el periodismo independiente por el hecho de que reciben financiamiento de fuera. Para convertirse en los únicos los monarcas de Nicaragua. ¿Qué de izquierda tienen ellos hoy en día? De izquierda no tienen nada. El madurismo en Venezuela es una pachamanca, cómo dirían los peruanos, de corrupción. La izquierda tuvo una revolución 2.0 con el chavismo y el trillón de dólares que significó el alza del precio de petróleo en América Latina durante una década y su generosidad en arrojarlo por el continente. 

Había un momento en que vimos un refrito de revolución través del verbo mentado por Fidel que todavía estaba vivo. Pero a los 6 o 7 años de la muerte de ambos que estamos viendo, dónde está la izquierda. Quién entre los pobres de América latina se ilusiona con la noción de subir a la montaña con un fusil, a cambiar el mundo, a crear una sociedad nueva. Pues nadie. La corrupción de narcotráfico se apoderado de esa parte de la sociedad. Hay muchas más posibilidades de que un chico de barrio se una a una mara o un cartel, antes que a un grupo guerrillero hoy en día. No quiere decir que la izquierda esté muerta, pero la noción de revolución como tal, que durante medio siglo pregonó Fidel y a su vez que sus sucesores, eso ya no existe. Lo que hay a cambio es una especie de democracia maleada un poco el verbo populista, como por la corrupción. Mucha gente ya no cree en la política en América Latina y eso significa el colapso de la sociedad civil y de las ilusiones de las democracias. Y lo que vimos en Estados Unidos con Trump lo estamos viendo en América Latina.

- En medio de todo esto, ¿en dónde ubica a la Argentina, al gobierno kirchnerista de Argentina? 

-Un poco en el medio. Argentina es un país complejo que tiene su propia idiosincrasia. El peronismo es uno de los fenómenos políticos más extraños y complejos que existen. Un credo nacido y vivo con el apellido de un caudillo, que 50 años después de su muerte, apela a gente que pertenecen desde la derecha hasta la izquierda y los extremos en ambos casos. Una cosa casi casi inconcebible, pero ahí está. Ahí uno todavía ve los rasgos de sus orígenes, del nacionalsocialismo de Mussolini, qué tanto influenció a Perón y curiosamente también esto del peronismo del Perón tardío, con sus pactos con la izquierda que desató a los Montoneros y demás. 

Entonces, Argentina existe como un país excepcional, hermético y casi como un continente propio, ahí en el lejano Sur, pero con su intelectualidad vinculada a París y Londres. Entonces resulta un país muy difícil de resumir en pocas palabras, pero que lo entienden o lo desentienden los propios argentinos. Si nadie más afuera lo capta del todo, los argentinos creen entender su problemática y su desgracia buena manera, y como siempre apasionada y polarizada. Es un país que hace columpio entre la izquierda siempre con un aspecto populista, pero con sus bondades de gran estado a la derecha, al menemato, que quizás fue el primer y más estereotipado del neoliberalismo que hemos visto en América Latina, de la privatización rampante, absoluta, casi como un fetiche, una caricatura del mercantilismo de Estados Unidos. Sea como sea, todo vive dentro de una misma carpa. Sigue siendo un país sobre todo de economía extraccionista, a pesar de que ha tenido sus industrias, tienen una economía rocambolesca. 

Es decir, hablar de la Argentina es como hablar del Kremlin, para los que alguna vez lo entendieron, a mi juicio. No me siento capacitado para entender a la Argentina, no me siento capacitado. Lo que sí diría es que hay una especie de nacionalismo propio argentino. A pesar de sus exabruptos políticos, y sobre todo económicos, al final es como un mar picado y tengo la noción de que siempre vuelve a su cauce, y que al final todos son argentinos y esa noción los vuelve a unir, que quizás la gran virtud y el pegamento nacional que logra algo así como en Italia, que el país siga adelante, sea como sea. De alguna forma u otra muchos se sienten bien con su vida, aunque yo sé que están pasando una muy mala racha ahora. 

- Es buena la comparación con el Kremlin, porque ahora tenemos una gran relación política con Rusia, y también con Italia en donde un país siempre en crisis política termina teniendo confianza en sí mismo. Sobreviven a pesar de todo.

-Al final es una virtud. Es curioso mirá al lado Chile. Si me hubieran preguntado cuáles países de América Latina están más o menos caminando bien, te hubiera dicho Chile y Uruguay. Los dos países, por muy distintos que sean, habían alcanzado una especie de comportamiento democrático y alternancia entre centro y centroizquierda pacífica. De pronto tuvimos los estallidos sociales en Chile, que asombraron a todos, por lo desatados y exacerbados. Sin embargo, a pesar de ese estallido y su convulsión social, llevó otra vez a una especie de acuerdo chileno, de buscar corregir su defecto que conciben como el defecto, que el pecado original está en su Constitución de Pinochet. Ahora anda en su Constituyente para corregirlo, para buscar cómo sanear ese país y de momento está en fase nueva. Es muy chileno, eso me parece como muy de las familias chilenas. Tiene su lado muy convencional casi alemán y el otro lado como "los hijos anarcos". La colisión entre esas dos partes. Ahora todos están hermanados, por más que los yo creo que los demás alemanas están asustados con los "progres" que vienen en la Constituyente y los mapuches. 

Yo creo que es muy interesante ver que Chile tiene su propio chip, que tiene su propio rumbo. Qué también es muy propio, muy distinto a la Argentina. Esa sensación comunitario de Argentina y hogareña quizás en Chile, y bueno diría algo parecido pasa en Uruguay, el pacifismo nato Uruguay, es algo muy distinto, muy del Cono Sur y algo que elude a los vecinos, a los vecinos del norte que están muy lejos de encontrar, en muchos casos, la llave a la puerta que los lleva la sociedad civil. Están tan lejos de eso en Colombia, un país todavía envuelto en la patología de la violencia en todos sus aspectos políticos. O Perú, la corruptela y una falta de civismo, quizás producto de su variedad de sangre.

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