Los Chalets Giol y Gargantini: el estilo Liberty en Mendoza

Continuando con los estilos arquitectónicos, analizamos hoy dos construcciones icónicas del Liberty, ubicadas en el departamento de Maipú.

Alejandra Cicchitti

Entrevistamos a la Dra. Arquitecta Liliana Girini, docente e investigadora de la FAUD de la Universidad de Mendoza, quien ha escrito libros, publicado artículos en revistas científicas nacionales y extranjeras y es reconocida por su compromiso con el patrimonio arquitectónico local.

Los chalets Giol y Gargantini, situados en Maipú, fueron declarados bienes del patrimonio provincial en 1991 y Monumentos Históricos Nacionales en 1998. El Gargantini fue cedido por la provincia al municipio de Maipú para la creación del "Museo Nacional del Vino y la Vendimia".

Un poco de historia sobre sus dueños ¿Quiénes fueron?

Juan Giol.

Bautista Gerónimo Gargantini.

Bautista Gerónimo Gargantini, de origen suizo y Juan Giol, italiano, formaron una sociedad en 1896, que se transformaría en orgullo de la vitivinicultura mendocina. Compraron 44 hectáreas en Maipú y levantaron los primeros cuerpos de la bodega. El crecimiento de la producción fue vertiginoso y decidieron construir en el lugar, estas espléndidas viviendas entre 1908 y 1910. Entonces contrataron al arquitecto Manuel Mignani, y al constructor Ricardo Ciancio, quienes para esa época, ya habían ejecutado obras de importancia en la provincia, como la Penitenciaría y la Municipalidad de Maipú.

¿Por qué eran considerados "chalets"?

Este tipo de casa importante, rodeada de parques o jardines se difundió en nuestra provincia bajo la denominación de chalet, que significa casa de campo de categoría y llegó a Mendoza de la mano de profesionales y constructores italianos.

Describiendo su organización podemos decir que los ámbitos de recepción ocupaban gran parte de la planta baja, como expresión de la suntuosidad y jerarquía de la vivienda, abriéndose a los jardines por medio de grandes ventanales y balcones. El corazón era la "sala" ricamente ornamentada alrededor de la cual se disponían las habitaciones.

Chalet Giol.

El chalet GIOL fue el primero en construirse. Es una casa compacta de una planta y altillo, rodeada en tres de sus lados por profundas galerías y con dos torres como fachada.

Las habitaciones se organizaban en torno al gran espacio central "la sala"; el área de recepción contaba con dos amplias habitaciones y el comedor hacia el Sur. Éste se conectaba a través de una gran mampara corrediza a la sala central, de manera que para los grandes banquetes, se convertían en un solo gran ambiente.

Por el Norte se ubicaban los dormitorios y baños, en el Oeste estaba la zona de servicio (antecocina, la cocina y un hall con dos escaleras, una que conducía al sótano y la otra al altillo destinado a habitación de servicio). Un detalle importante es que esta casa no conserva elementos de su equipamiento original, e incluso tuvo modificaciones para adaptarla a los distintos usos que tuvo a lo largo del siglo XX.

Chalet Gargantini

El chalet GARGANTINI, es más ostentoso, con dos niveles, una torre, un pequeño subsuelo y rodeado de galerías. El ingreso es a través de una escalinata de doble acceso, jerarquizado por un balcón sostenido por dos figuras antropomorfas, probablemente Baco, dios del vino y Ceres, diosa latina de la agricultura.

El vestíbulo conduce a la sala central de doble altura iluminada y presidida por la escalera de tipo imperial de dos tramos. Columnas ornamentadas, pisos de mosaicos de colores, barandas de hierro serpenteantes y una gran araña colgante de bronce engalanan este espacio, sin dudas el corazón de la vivienda.

¿Cómo se plantearon los espacios según los pisos?

En la planta baja, se sucedían: la sala de estar conectada a dos pequeñas salitas destinadas a los juegos de salón y el comedor (uno de los pocos espacios que conserva su equipamiento de gran mesa y sillas ricamente talladas). Este se vinculaba con la antecocina y la cocina. En el ala Sur se sucedían el escritorio, la sala de billar y la biblioteca.

En la planta alta, se disponían los 8 dormitorios, que en sus orígenes albergaban la extensa prole familiar y en la actualidad son utilizados con fines expositivos. De los 3 baños con que cuenta este nivel, solo uno conserva parcialmente su equipamiento. Estaban dotados de artefactos de losa, grifería, azulejos y mayólicas importadas que provenían de los principales países industrializados y que conferían a la vivienda los últimos adelantos técnicos e higiénicos para el espacio moderno de la intimidad.

¿Cuál es el estilo arquitectónico de estos chalets?

En su expresión formal, se asemejaron a obras construidas en la península itálica que introdujeron el Liberty (la versión italiana del Art Nouveau) que se desarrolló entre 1895 y 1914. Evidentemente, el arquitecto Mignani puso un gran énfasis en las fachadas principales. Se incorporaron una serie de ornamentos y guardas, algunos geométricos, otros con motivos vegetales especialmente florales, junto a la figura humana modelada en mascarones de cabellos ondulantes y en forma de cariátides en el acceso de la casa Gargantini.

Un elemento recurrente, en las villas italianas, es la torre- mirador. Su presencia obedecía a razones estéticas y semánticas, para dar un elemento pintoresco a la fachada y también para mostrar el éxito y el poder económico alcanzado.

¿Qué detalles denotaban modernidad, innovación y jerarquía?

Esto se aprecia en la decoración, el equipamiento y la variedad de los materiales: carpinterías de madera y de hierro, pisos de mármoles, mosaicos y ricos parquets, chapas estampadas para los cielorrasos, azulejería de colores para zaguanes, baños y cocinas; herrerías para balcones, coronamientos y escaleras, empapelados; artefactos sanitarios, cocinas y mobiliario de gran jerarquía.

Desde el punto de vista constructivo, también fueron innovadoras. Se construyeron con un sistema de entramado de perfiles de hierro (sideroladrillo), que permitió un excelente comportamiento al sismo y un óptimo estado de conservación.

Las instalaciones, el equipamiento y la infraestructura dan cuenta del nivel de confort que alcanzó la burguesía vitivinicultora de principios del siglo XX: sistema de calefacción centralizado en una caldera que alimentaba radiadores de fundición ricamente decorados; agua potable proveniente de los filtros de las propias bodegas y luz eléctrica de generadores propios.

¿Cuál fue el destino de las casas?

En verdad estuvieron muy poco tiempo en manos de sus propietarios. Gargantini, la habitó escasamente un año, porque en 1911, se retiró de la sociedad y volvió a Suiza. Giol, vivió allí hasta 1914, vendió su parte al Banco Español y Río de la Plata y regresó a Italia. Desde ese momento, las casas fueron utilizadas como residencia de gerentes de la bodega y huéspedes del banco.

En 1954 la empresa pasó a manos del gobierno provincial. La casa Gargantini, entre 1958 y 1960, fue destinada a residencia del gobernador Ernesto Ueltschi; luego ambos chalets dejaron su destino original para cumplir funciones administrativas. El chalet Giol fue la "administración" de la bodega, mientras que el Gargantini fue sede del directorio. A tal fin fueron despojados de su mobiliario y equipamiento original, por lo que hoy se conservan muy pocas piezas.

En 1987 la empresa Giol, fue privatizada, la bodega pasó a manos de la Cooperativa Lumai, en tanto los chalets fueron donados por el gobierno provincial al municipio de Maipú para la creación del "Museo Nacional del Vino y la Vendimia".

¿Podemos encontrar elementos arquitectónicos en Mendoza?

Estas residencias fueron modélicas para otras que se construyeron posteriormente sobre la calle Unión hoy Emilio Civit, como la casa Suarez (luego Graffigna) 1912; la mansión Stoppel (hoy Museo Carlos Alonso) 1914 y Pelliciari (Instituto Zaldívar) 1914, entre otras ya demolidas.

Otro dato interesante es que los elementos decorativos en forma de guarda o de bulto se podían elegir por catálogos y su producción en serie permitía distintas alternativas. Así los mascarones con tocado de hojas del chalet Gargantini pueden verse en algunas casas de la época en Maipú o en la ciudad de Mendoza combinados con otros ornamentos.

¿Una reflexión final?

Hoy, después de más de un siglo de existencia, estas espléndidas residencias constituyen un hito tradicionalmente reconocido; no obstante, las circunstancias actuales de desarrollo de la vitivinicultura y del enoturismo, ameritan una puesta en valor del conjunto -casas y casco de la antigua bodega- que lo conviertan en el centro de una red interinstitucional más amplia de promoción de la cultura vitivinícola argentina.

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