"Extra馻s marcas" en el cielo de General Alvear

La tendencia natural del ser humano a colegir conspiraciones cuando no encuentra explicaciones satisfactorias inmediatas.

Gustavo Mar髇

En su edici髇 del 28 de noviembre, Memo dio cuenta de la alarma y debate que hab韆 generado en la comunidad de General Alvear la aparici髇 de dos estelas de aviones que tardaron alg鷑 tiempo en disiparse.

Inmediatamente se las asoci� con t髕icos nocivos para la salud, algunos vecinos reportaron olores a productos qu韒icos y hasta se dijo que correspond韆n a aviones que estaban fumigando. La pol閙ica alcanz� tal nivel, que justific� la presentaci髇 de un pedido de informes por parte de Silvana Melzi, concejal del bloque Frente de Todos-Partido Justicialista, indudablemente preocupada por el asunto.

Ya en el pedido de informe la Concejal Melzi precis� que las marcas eran estelas de condensaci髇 de dos aviones, lo que permitir韆 cerrar autom醫icamente el debate porque, precisamente, eso eran.

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Sin embargo, la pol閙ica sigui� dando vueltas, lo que confirma cierta tendencia natural del ser humano a colegir conspiraciones cuando no encuentra explicaciones satisfactorias inmediatas. Es un mecanismo mental de inferencia y autoprotecci髇, reactivo y at醰ico, que se da incluso en las sociedades tecnol骻icas m醩 evolucionadas, como la norteamericana.

All�, desde hace d閏adas, se ha extendido la teor韆 conspirativa seg鷑 la cual las estelas que dejan los aviones no son s髄o el producto de la condensaci髇 de los gases de escape de sus turbinas, sino una acci髇 deliberada (y encubierta por los gobiernos) tendiente a manejar la radiaci髇 solar, modificar el clima, manipular psicol骻icamente a los ciudadanos o controlar a la poblaci髇. Por definici髇 conspirativa, las estelas son necesariamente malas y, en consecuencia, deben generar perjuicios tangibles, por lo que se les atribuyen enfermedades respiratorias, afecciones epid閞micas varias y c醤cer.

Por supuesto, nada de esto es cierto, para lo que basta puntear algunos datos t閏nicos que probablemente contribuyan a llevar tranquilidad a los vecinos alvearenses.

Lo primero es reparar en el fen髆eno f韘ico mismo. Cualquier motor de combusti髇 interna libera gases de escape. En temperaturas positivas esos gases no se ven, pero al cruzar la isoterma de menos cero grados cent韌rados son perfectamente visibles debido a la condensaci髇, un fen髆eno tan natural como apreciable, para lo cual basta mirar los ca駉s de escape de cualquier veh韈ulo automotor que circula por la alta monta馻.

Las estelas de los aviones son particularmente visibles porque el di醡etro de una turbina es much韘imo mayor que el del ca駉 de escape de un auto. Adem醩, las trayectorias de las aeronaves tienden a ser lineales (para ahorrar combustible) y el r間imen de funcionamiento de los motores aeron醬ticos es continuo, lo que resulta en trazas perfectamente rectas y continuas. Si se mira bien, hay tantas l韓eas como turbinas tiene el avi髇.

Dado que no es posible la condensaci髇 con temperaturas positivas, es decir sobre cero grados cent韌rados, el fen髆eno se produce en los niveles m醩 altos de la atm髎fera. Al aumentar la altitud, la temperatura ambiente disminuye aproximadamente un grado cada 154 metros. A 12.000 metros, nivel de crucero de cualquier avi髇 de l韓ea, la temperatura exterior es de unos cincuenta y cinco grados bajo cero (o m醩 seg鷑 la altura de la tropopausa), lo que favorece que los gases de escape se enfr韊n y congelen pr醕ticamente de inmediato. Luego se disipan naturalmente, lo que pudieron ver con claridad los vecinos de General Alvear.

"Extra馻s marcas" en el cielo de General Alvear

Es imposible que los gases disipados precipiten y, si lo hacen, el proceso no ocurre en minutos, sino en a駉s... y no necesariamente sobre el lugar donde pas� el avi髇. Por ende, los olores que captaron los denunciantes eran cualquier cosa menos gases expelidos por aviones. Las estelas no pueden ser percibidas por el olfato, ni cuando son visibles ni despu閟.

Al momento de alcanzar la trop髎fera, las micropart韈ulas expelidas por los aviones tienden a convertirse en los n鷆leos de condensaci髇 en torno a los cuales se produce la coalescencia del agua atmosf閞ica, sea en forma de gota de lluvia, nieve o granizo. Cada gota de lluvia tiene en su centro un n鷆leo de condensaci髇, que bien pudo haber sido en su origen una micropart韈ula de combustible quemado expelido desde la c醡ara de combusti髇 de la turbina de un avi髇.

Entendido el fen髆eno f韘ico de las estelas, cabe preguntarse si ellas podr韆n ser originadas por aviones que vuelan sin conocimiento del gobierno. La respuesta es negativa, porque todo avi髇 susceptible de producir estelas de condensaci髇 se encuentra todo el tiempo identificado por dos sistemas de control radar independientes.

El primero es el perteneciente a la Empresa Argentina de Navegaci髇 A閞ea (EANA), una sociedad del Estado Nacional encargada de proveer los servicios de tr醤sito a閞eo contemplados en el Anexo T閏nico 11 del Convenio de Aviaci髇 Civil Internacional. Dado que cada avi髇 de l韓ea cuenta obligatoriamente con un respondedor radar (Transponder), EANA sabe exactamente de qu� tipo se trata, cu醠 es su matr韈ula, qui閚 es su operador, por d髇de est� volando, desde d髇de y hacia d髇de se dirige.

El segundo sistema de control radar que monitorea a las aeronaves que vuelan en el espacio a閞eo argentino es el correspondiente al Comando Aeroespacial Conjunto de las Fuerzas Armadas (CoAer). Los barridos electromagn閠icos de los radares militares se concentran en un centro de control subterr醤eo ubicado en Merlo, provincia de Buenos Aires, donde se ven todas las aeronaves que vuelan en el pa韘 (tengan o no el respondedor radar encendido). De esa forma quedan registrados, por ejemplo, los vuelos clandestinos de contrabando o las incursiones accidentales de aeronaves civiles o militares extranjeras al espacio a閞eo argentino.

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De lo expuesto se colige que no hay margen alguno para la sospecha, pues todos los aviones en tr醤sito se encuentran doblemente identificados, al tiempo que sus tripulaciones mantienen contacto de radio permanente con los operadores de tr醤sito a閞eo. Esto, por supuesto, ocurre en frecuencias o "bandas" aeron醬ticas, totalmente segregadas de las dem醩 frecuencias del espectro radioel閏trico. De haber podido escuchar las comunicaciones, los vecinos de General Alvear podr韆n haber confirmado que sobre sus cabezas no estaba pasando nada raro.

Por 鷏timo, cabe hacer una menci髇 al terror que parece haber despertado entre los alvearenses la sola referencia a la fumigaci髇 por parte de aeronaves, as� como las posibles consecuencias negativas para el medioambiente y la salud p鷅lica. All� radica, precisamente, la principal preocupaci髇, a juzgar por el pedido de informe dirigido por la Concejal Silvana Melzi. Este temor, en abstracto, es genuino y merece ser respetado.

Sin embargo, a poco de analizar las actividades a閞eas que se vienen desarrollando en General Alvear, se advierte que no hay motivo alguno para preocuparse. Los defensivos agr韈olas que se liberan con aviones sobre aquel departamento no son agrot髕icos lesivos para la salud, sino confusores sexuales aprobados por el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA) para prevenir la reproducci髇 de la Polilla de la Vid; o bien insectos est閞iles gen閠icamente modificados para prevenir la reproducci髇 de la Mosca del Mediterr醤eo. Se trata, en ambos casos, de programas oficiales de control biol骻ico de plagas, de reconocido 閤ito para la econom韆 provincial, administrados por el Instituto de Sanidad y Calidad Ambiental de Mendoza (ISCAMEN).

Pero incluso si aparecieran trabajando en General Alvear aviones aeroaplicadores de productos fitosanitarios, resulta que la cantidad de l韖uido dispersado ser韆 sensiblemente inferior a la que podr韆 rociar una m醧uina terrestre en la misma superficie considerada. De hecho, sobre la misma superficie, un avi髇 agr韈ola aplica diez veces menos l韖uido que un tractor o remolque, a diez veces m醩 velocidad, por lo que logra una dosificaci髇 pareja y uniforme que redunda en un mejor sanidad vegetal o en un mejor control de plagas. La Ingenier韆 Agron髆ica ha avanzado much韘imo en la materia, al punto que el avi髇 agr韈ola se considera hoy imprescindible para la cura o tratamiento de numerosas especies vegetales en las distintas etapas de sus respectivos ciclos fenol骻icos. A despecho de los conspiradores, la Agricultura se lleva muy bien con los aviones, y viceversa.

Como vemos, los temores surgidos en torno a las estelas observadas en el cielo de General Alvear no tienen mayor asidero. La preocupaci髇 de los vecinos puede haber sido razonable al principio (por lo novedoso o extra駉 del fen髆eno), pero no puede sostenerse a la luz de la informaci髇 disponible. Es m醩, el recelo injustificado hacia los aviones puede atentar contra el desarrollo econ髆ico de un departamento que ha mostrado llevarse muy bien con la aeron醬tica, como que cuenta con un Aero Club fundado en 1939 y, adem醩, con un gobierno comunal empe馻do en la recuperaci髇 de su Aer骴romo Municipal.

[1] Gustavo Mar髇, autor de esta nota, es profesor de Derecho Aeron醬tico, Facultad de Derecho, UNCuyo

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