Intendentes: brindar servicios básicos antes de salir a conquistar el universo

Dice el autor de la nota, Gabriel Conte, que "en el marco del estancamiento económico que se volvió crisis con las consecuencias de la pandemia y la sumatoria constante de nuevos roles a los espacios de gestión local, el panorama es complejo: mientras el mundo de oportunidades les sonríe, la realidad les muestra su peor cara, sino el culo".

Todos los intendentes de Mendoza tienen una buena valoración de sus ciudadanos. El eslabón más cercano a la ciudadanía que tiene la política que ocupa puestos de gestión, juega fuerte y achica el abismo que crece en otros niveles, cuando se trata de dirigentes en cargos de utilidad más difusa para el promedio de la gente.

En el mundo, además, las ciudades empiezan a cobrar un protagonismo inusitado, de modo que se ve, analiza, diagnostica e inclusive se pronostica el porvenir como un conjunto de núcleos urbanos que en su composición de naciones o estados provinciales.

Todos los rankings ya no hablan solo de países: las ciudades aportan sus nombres y apellidos a evaluaciones en torno a diversos temas de interés para la gestión o cualquier otro indicador que haga falta.

Buena parte de la dirigencia peronista también surgió de las intendencias.

De allí que sus intendentes requieran cada vez mayor capacitación para hacerse cargo desde la tarea más básica hasta las vinculaciones más complejas.

Pero ninguno podrá "conquistar el mundo" (aunque algunos pretendan inclusive ir más allá, al Universo) si no son vistos por sus vecinos haciendo pasar al Estado por las veredas: limpieza, iluminación, orden, buena asistencia y recepción de inquietudes, organización de actividades y calles transitables, plazas que sirvan sin riesgos como espacios de encuentro, entre otras.

Se ven, entonces, cruzados por las demandas que en general, exceden sus posibilidades, aunque representan toda una oportunidad para presentar a sus comunas con nombres propios ante el país y el mundo.

En paralelo, la política los impulsa: el actual gobernador de Mendoza, Rodolfo Suarez, viene de ser el intendente de la Ciudad de Mendoza. El anterior, Alfredo Cornejo, lo fue de Godoy Cruz. Celso Jaque había sido el jefe comunal de Malargüe y Roberto Iglesias en la Ciudad. A los otros probablemente les faltó ese escalón de experiencia. Y en adelante, las encuestas encargadas a Mediciones Mendoza por Memo dan cuenta de que los partidos cuentan en los jefes comunales con un yacimiento de posibles candidatos bastante nutridos.

Entonces el potencial y la expectativa representan a la vez una espada de Damocles: si no responden a las expectativas básicas, sus comunidades rechazarán sus aspiraciones de romper los límites municipales.

En el marco del estancamiento económico que se volvió crisis con las consecuencias de la pandemia de coronavirus covid-19 y la sumatoria constante de nuevos roles a los espacios de gestión local, el panorama es complejo: mientras el mundo de oportunidades les sonríe, la realidad les muestra su peor cara, sino el culo.

Los intendentes están en el escenario, para bien y para mal, como si se tratara de un concurso de talentos de verano, pero en forma permanente y con el ya conocido exigente público mendocino. No habrá aplausos ante la menor falla. Y eso puede desencadenar un efecto dominó. 

Ya pasó antes. Los intendentes, llamados "caciques" en otros tiempos, se agrandaron más de lo que cabían en sus potencialidades políticas y sucumbieron. Este nuevo momento no los puede encontrar mal parados, porque no solo se juegan sus egos, sino el éxito de la política allí donde la gente la palpa y la posibilidad de una nueva relación, más cercana y efectiva, entre un Estado que aspira a dejar de ser bobo para ser transformadores de realidades.

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