"Me harté": intentó por todos los medios acercar a la Iglesia y los homosexuales, pero se va

Andrés Gioeni fue un sacerdote mendocino que marcó un camino al "colgar" los hábitos para encarar un camino personal de disfrute pleno de su sexualidad. Se casó con un hombre y escribió notables libros, entre ellos, uno para fundamentar la

Andrés Gioeni fue un sacerdote mendocino que marcó un camino al "colgar" los hábitos para encarar un camino personal de disfrute pleno de su sexualidad. Se casó con un hombre y escribió notables libros, entre ellos, uno para fundamentar la inclusión de los y las homosexuales dentro del pensamiento y la acción católicos. 

Le envió cartas al papa Francisco y hasta celebró cuando el pontífice argentino parecía plantear un camino de reconocimiento de la realidad, negada por el dogma.

Pero ahora que la Iglesia vetó la posibilidad de bendecir a parejas homosexuales, inclusive negando que en su relación haya amor, Gioeni -actor, escritor, pensador- confesó en diálogo con Memo que se hartó. "Me harté", definió en dos palabras y propuso que no sea un renunciamiento pasivo, sino militante, con dos acciones:

1- La personal: junto a su pareja, Luis, iniciarán el trámite de apostasía, que significa la renuncia a la religión que abrazó a pesar de todo a lo largo de su vida.

2- La colectiva: "Hemos lanzado una petición para que la Iglesia revea su cerrazón. Que se retracten y dejen de faltar el respeto a la diversidad", indicó. Para esto último, llamó a entrar a este link para acompañarlo.

Este es el planteo (textual) que formuló Gioeni:

"Quien presencia un crimen en silencio, lo comete". (Primo Levi, sobreviviente de la Shoá)

"El silencio frente a la injusticia es complicidad con el opresor". (Ginetta Sagan)

"Si una persona es gay, ¿quién soy yo para juzgarlo?" (Papa Francisco)

RETRACTACIÓN, REPARACIÓN Y REIVINDICACIÓN

Estamos cansados y abrumados por las diferentes idas y venidas en la doctrina religiosa sobre la homosexualidad -no solo con palabras y frases, sino con gestos ambiguos-.

Aun cuando las Ciencias en un trabajo transversal han confirmado la complejidad, riqueza y diversidad de la sexualidad de la persona humana. Y han reparado los errores del pasado erradicando a la homosexualidad de la lista de enfermedades. Aun cuando los nuevos teólogos en un consenso objetivo se atreven a decir que no hay pasajes que afirmen una condena de relaciones homosexuales consentidas, sino que dichos pasajes se han de interpretar en referencia a acciones condenadas también en el ámbito heterosexual (abuso, violaciones, sometimiento de poder, prostitución sagrada). Aun cuando la vida social en diversas partes del mundo ha reivindicado las nuevas familias... el Catecismo sigue usando pasajes bíblicos mal interpretados y traducidos para seguir imponiendo su paupérrima ideología reinante.

La implicancia que tiene una afirmación de ese tenor no es algo que deba tolerarse ni ser pasado por alto. Porque es el fundamento religioso en la educación y las bases del pensamiento de quienes nacen y se desarrollan dentro del ámbito eclesial (escuelas, parroquias, instituciones, seminarios, casas de formación, monasterios, hospitales, asilos, etc.) Cuando los creyentes asumen que esa interpretación es la correcta genera divisiones, desencuentros, rechazo en el seno de las familias, en el momento en que algún miembro decide revelar su identidad sexual.

De igual manera cuando traspasa las barreras del ámbito familiar a países que penalizan ese accionar fundamentándolo desde lo religioso. En una oportunidad Séneca afirmó: "Quien pudiéndolo hacer no impide que se cometa un crimen, lo estimula".

Es una demanda. Es un pedido de justicia. Es un derecho humano.

¿Cuántos jóvenes más deberán quitarse la vida para que la Iglesia reaccione? ¿Cuántas personas más deberán ser perseguidas, confinadas y privadas de la libertad en países intolerantes? ¿Cuántos inocentes más deberán ser expuestos a las aberrantes y mal denominadas "terapias reparadoras" que denigran y torturan a las personas? Nos da vergüenza que todavía haya gente afirmando que "amar a otra persona es un pecado".

Dios es inclusivo. La Iglesia discrimina.

Por una Iglesia inclusiva pedimos un cambio de fondo y radical.

Para dar visibilidad y fuerza a este pedido, con mucho pesar, hacemos efectiva nuestra apostasía a la Iglesia Católica. Paso que tiene como intención no ser parte y cómplice de una institución que causa mucho daño y sigue obstinadamente en ese camino sin miras cristianas ni humanas de revisar, repensar y reparar su pensamiento e ideología. Nuestra apostasía es un gesto y acción simbólica para tomar postura ante la negativa del Vaticano de "bendecir las relaciones homosexuales". No es casualidad que en vísperas de las Pascuas Jesús irrumpiese en el Templo para envalentonarse contra todos los negociados en su interior. Y desenmascarar su transformación en una "cueva de ladrones"...que pretende arrogarse y robarse el monopolio de la Fe.

Con este gesto pedimos encarecidamente ser reconocidos, reivindicados para que se retracten de las afirmaciones peligrosas y que violan derechos espirituales de las personas. No queremos seguir perteneciendo a una institución cegada, que no dialoga con la cultura y que cada vez se cierra más a los Derechos Humanos y Religiosos.

Y aclaramos con énfasis, que desligarnos de la Iglesia no significa que dejemos de creer en Dios. Pero elegimos creer en un Dios que es amor, solidario, que no condena, en un Dios que nos ha creado diversos. No en el Dios católico miope que a lo largo de su historia quemó mujeres considerándolas brujas, persiguió científicos afirmando que se negaban a repetir que era el Sol el que giraba alrededor de la Tierra, hostigó y masacró otras religiones formando milicias en Las Cruzadas, aseveró que los aborígenes no tenían alma, se silenció en el Holocausto...

Aquellos que durante años han bendecido las armas se niegan a bendecir el amor. Y quieren seguir repitiendo con porfía que "la Iglesia es experta en humanidades" afirmando que el amor consensuado entre dos personas es un pecado.

Que esta petición se replique y se haga extensiva a todas aquellas religiones que no comprendan la voluntad de Dios de crear seres únicos, irrepetibles, diversos.

Gracias a Dios, ya hay infinidad de comunidades que vienen realizando un hermoso trabajo de inclusión con ritos de bendición de personas LGBTIQ. Iglesias cristianas (metodistas, luteranos, del Río de la Plata, movimientos católicos), judíos, musulmanes, budistas, hinduistas que reconocen y valoran la diversidad.

Por último, pedimos a los sacerdotes, cardenales, seminaristas, religiosas, religiosos, monjas, catequistas, misioneros, teólogos y demás agentes pastorales que sean los primeros gestores de este cambio, sin preocuparse por sanciones disciplinarias que buscan opacar y denigrar el pluralismo. Que demuestren que la diversidad hace tiempo está presente en la Iglesia y en el mundo.

Es tiempo de valientes, es tiempo de confiar que la Verdad nos hace libres.

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