El Gobierno construye confianza y él mismo la dinamita

El análisis económico y político, con un Gobierno que todas las semanas protagoniza algún paso atrás, traspié o movimiento incomprensible. La semana que pasó, con el "zapatazo" contra el gobierno porteño y las perspectivas, con el dólar como protagonista.

Marcelo Cantón

En marzo pasado, Alberto Fernández tenía una imagen positiva de 53%, según Synopsis. Sin embargo, la mitad de esas personas tenían una imagen negativa de Cristina Kirchner. El Presidente, en ese momento, representaba mucho más que su Vice. Hoy, según la misma consultora, el primer mandatario tiene 38% de imagen positiva, pero sólo 2 de cada 10 de esos votantes no apoyan a la expresidenta. Alberto se convirtió casi en lo mismo que Cristina. Eso explica gran parte de la situación política actual y de cómo crece el desafío hacia el futuro.

Empecemos por el fenómeno político de la semana, la quita de recursos a la Ciudad de Buenos Aires para dárselos a la Provincia. Si imaginamos la política como un ring con cuatro contendientes, en los extremos más radicalizados en marzo estaban Cristina y Mauricio Macri, en tanto que Alberto y Horacio Rodríguez Larreta ocupaban un centro marcado por el diálogo y la cooperación ante la pandemia. La kirchnerización de su gobierno fue acercando a Alberto al extremo K, y Larreta quedó sólo en ese espacio imaginario del centro tolerante y dialoguista. Y ahí hay un problema: ese lugar representa un 40% de los votos, los que no son ni el tercio K ni el tercio PRO. Con ese zapatazo económico, ¿el Presidente habrá querido empujar a Larreta al extremo del ring? ¿Querrá que el Jefe de Gobierno se crispe y se parezca más a Macri, para disimular que él hoy se parece tanto a Cristina? Las elecciones 2021 ya están en juego, y todo parece apuntar en esa dirección.

El problema es que esta pelea con el principal mandatario opositor radicaliza aún más al Presidente. Y el gesto se suma a otros: avance sobre la justicia, Vicentín, Impuesto a la Riqueza, declaración de servicio público de la telefonía y el cable, intento de sesionar en Diputados sin la principal oposición, amenaza de estatización de Edesur, estatización de la Hidrovía y, esta semana pasada, eliminación de las concesiones viales, por agregar un punto más a la lista. Y aquí Alberto choca con sus propias realizaciones y necesidades. Es como el famoso tirarse un tiro en el pie.

En los primeros 9 meses de su gestión, el Presidente quizás sólo pueda mostrar un éxito claro: el canje de la deuda, con una aprobación cercana al 100%. El riesgo país, uno de los indicadores que miden la temperatura de la economía local, ¡bajó a la mitad!. Un suceso que podría haber sido tapa de todos los medios. Pero no. La posición poco clara del gobierno sobre las tomas de tierras, la rebelión policial bonaerense, la superación de la barrera de 10.000 casos de Covid por día taparon ese dato. Y el problema es que el Presidente necesita construir sobre él, necesita afirmar un camino de confianza económica para evitar una nueva crisis.

Veamos porqué. La gran incógnita está hoy (otra vez) en el dólar. La brecha entre el oficial de casi $ 80 y el paralelo de más de $130 mide el grado de desconfianza de los principales actores económicos, pero también de los 4 millones de personas que compran los US$ 200 que se consiguen a precio oficial. Para Alberto Fernández es imprescindible bajar esa brecha, que es lo mismo que recuperar confianza. Porque sin ese atributo, la presión devaluatoria será intensa, la inflación irá en alza, la economía seguirá congelada, se tensará una nueva crisis basada en tasas de desocupación en alza y salarios en derrumbe.

El Gobierno pondrá esta semana mucha carne en el fuego para achicar la brecha cambiaria, buscando mover el indicador que mide la confianza. Venta de títulos de deuda en poder del Central y de la ANSeS, suba de tasas en pesos, aceleración de la devaluación del dólar oficial, salir a tomar deuda en pesos desde el Tesoro para absorber liquidez serán seguramente parte de las herramientas que use. Hay quienes dudan que todo eso alcance, pero también quienes creen que es posible. Martín Redrado, por caso, ayer hablaba de la posibilidad de una coincidencia entre el blue y el oficial (incluyendo el impuesto País) en $110.

A eso sumarán la presentación de un Presupuesto 2021 con un déficit de 4,5%, la mitad que este año, lo que implicaría un ajuste enorme, que se apoyaría en la reducción drástica del IFE y los ATP, licuación de jubilaciones, y un recorte a los subsidios a las tarifas. Un gran desafío para un gobierno peronista, y en año electoral, no?

Pero medidas monetarias y proyecciones presupuestarias apuntando a generar confianza (que se mide, otra vez, en la brecha cambiaria) se chocan con la radicalización del Gobierno. ¿Es posible compatibilizar a Guzmán hablando de "tranquilidad" con Alberto quitándole $ 30.000 millones a los porteños? ¿Se puede construir confianza radicalizando la discusión política?

Las urgencias económicas le están marcando al Gobierno un camino de ajuste y autocontrol. Sus urgencias políticas parecen atentar contra los resultados que busca. Construye confianza desde la economía. Y él mismo la dinamita con la política.


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