Ni 100 M harán que la Argentina vuelva a encontrar su brújula

El Estado presente es un cuento que al argentino le hicieron creer a un nivel que mira por encima del hombro a otros países. ¿Si el Estado es tan presente por qué tenemos peores índices que el resto? Algo se está haciendo mal.

El caso de M nos rompe el alma, pero sólo un rato, mientras sigue estando en televisión, porque después cambiamos de canal y volvemos a nuestro mundo en la que tratamos de alejar y esconder lo más posible esa realidad que nos incomoda. Suena duro, pero es real, porque la pobreza la ponemos en la periferia, en un lugar que no nos recuerde tan seguido que está ahí y que la sufren personas de carne y hueso, como vos o como yo.

Es un acto casi reflejo evitar ver la pobreza porque no nos gusta y, quizás, podríamos decir que en la naturaleza del ser humano hasta se puede justificar que tratemos de alejarla, porque le tememos. Sin embargo, eso queda para el individuo, pero el que no se puede hacer el distraído es el Estado y los gobernantes de turno que les toca conducirlo.

Cuando veo el nivel que alcanzó la pobreza en la Argentina (que subió más en el mandato de Macri, pero que ya tenía niveles escandalosos ya en las gestiones anteriores), me cuestiono el discurso que parece cuento aprendido de memoria y que habla sobre el Estado presente. Frase de constante utilización en la clase política.

No me cuadra que me digan que hay un Estado presente con un 50% de pobreza y con una agenda de la dirigencia política en la que esa cuestión no está en el primer lugar. Es que no se puede concebir un país en el que la pobreza alcanza esos niveles (y que es aún peor si se analiza su impacto en los niños y adolescentes) y que no haya un plan integral para atacarla y, de la mano, uno complementario bajar la inflación que cada día que pasa hace caer a más personas en la pobreza o la indigencia.

Por el contrario, nuestros dirigentes carecen de planes, pero para todo, lo que ya quedó demostrado con la gestión del proceso de vacunación que se queda sin vacunas. No hay un plan integral, de fondo para combatir la pobreza, sólo asistencia que también es fundamental, pero que no puede ser la única idea que caiga desde las cúpulas gubernamentales.

La brújula se perdió en serio y nadie ni siquiera tiene la intención de buscarla. Un ejemplo simple, pero muy claro, es que nuestros gobernantes están más pendientes -por ejemplo- de avanzar sobre la Justicia que de la mitad de argentinos que están bajo la línea de la pobreza. 

Además, por si fuera poco, no se tienen claras las prioridades. No se puede entender, por ejemplo, que Santiago del Estero con 49% de pobreza gaste miles de millones en un estadio de lujo y no tenga un plan delineado para bajar esa cifra alarmante. Peor aún es que el presidente justifique lo inexplicable. "Quién dice que en el interior del país no hay derecho a tener un estadio de esa naturaleza, dónde está escrito", dijo. No se trata que no tengan derecho, se trata que hay prioridades y seguramente los pobres están más preocupados por otras cosas y no por tener una cancha linda.

Lo peor es que, además, cuando se habla del Estado presente se critica a los modelos de otros países de la región, pero cuando se comienzan a ver los niveles de pobreza o de estabilidad económica e inflación, nos encontramos que están mucho mejor parados que nosotros. Entonces, realmente podemos hablar de un Estado presente o sólo es un Estado que entrega algunos servicios gratis, pero que no da las herramientas que permitan salir y romper con ese círculo vicioso.

Un economista que trabajó en el desarrollo del modelo económico chileno fue consultado durante una entrevista por "la desigualdad" que existe al otro lado de la cordillera. Categórico dijo: "Me cago en la desigualdad, a mí lo que me importa es que sacamos a la gente de la pobreza". Desde su punto de vista el primer paso que debía dar un país que en 1990 tenía un 39% de pobreza era generar un plan integral para que la gente saliera de esa situación. Hoy la pobreza está el 10,9% en el vecino país, con una clase media mucho más grande que en 1990, pero que igualmente le exige al Estado mejores servicios y cambios, una de las razones por las cuales se generó el estallido social y la consecuente creación de una nueva Constitución.

Entonces el discurso del Estado presente tiene sus limitaciones importantes, y no comencemos siquiera a comparar las gestiones en medio de la pandemia y los niveles de inversión y gasto que hicieron otros país en comparación con la Argentina, porque ese relato se cae aún más profundo. Menos si analizamos la gestión para conseguir vacunas.

La brújula se perdió y nadie la quiere encontrar, cuando la dirigencia política se enfoque en un plan diseñado para ir sacando paso a paso a la mitad de los argentinos de la pobreza, podremos hablar y creer en ese Estado presente, mientras eso no pase, todo queda en el relato y ni 100 M podrán hacer que el país encuentre el rumbo.

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