La excéntrica política exterior de Javier Milei

Diana Mondino dijo que "los chinos son todos iguales" y el Gobierno explicó que "no quiso discriminar a nadie". El Presidente mantiene un vínculo tenso con muchos países, incluidos los principales socios comerciales, Brasil y China. Solo hace viajes privados al exterior y no se reúne con los gobiernos, sino con los opositores. La curiosa teoría de Cancillería: las opiniones presidenciales no representan necesariamente la del Estado. ¿?

Silvia Mercado
Periodista NO acreditada en Casa Rosada

Desde antes de que llegara a la Presidencia quedó claro que la eventual victoria de Javier Milei se enfrentaría a nuevos desafíos autogenerados. El todavía candidato insistía que no iba a negociar con zurdos ni comunistas, lo que incluía a los dos principales socios comerciales de la Argentina, Brasil y China.

Con esa inusual capacidad que existe en LLA para adaptar el relato a esos dichos excéntricos, desde Diana Mondino hasta Ramiro Marra se esmeraban en explicar que no había que tomar las declaraciones de manera literal, que era una forma de definir una identidad electoral.

Pero Milei llegó a Casa Rosada y tampoco podía defraudar a ese electorado duro que odia a "los rojos" y se queja del "marxismo cultural", por lo que sostuvo ese discurso, que Mondino tradujo en "no vamos a negociar Estado a Estado, sino que los negocios estarán realizados por privados".

En el caso de Brasil ya suena extraño. ¿Qué privado puede hacerse cargo de una negociación en el Mercosur? ¿Alguna vez lo habrá pensado? Tanto Lula Da Silva, como Luis Lacalle Pou evitan en público expresarse sobre el asunto, como esperando que el niño caprichoso que eligieron los argentinos se vaya adaptando a las obligaciones presidenciales.

No está de más recordar que Milei aún no tuvo el encuentro de Estado con Brasil, Uruguay y Chile. Sí se reunió con Santiago Peña, el presidente de Paraguay, en Buenos Aires. Pero con China todo se hace más difícil.

No solo porque la economía del país asiático es la más centralizada del mundo, sino porque nuestro país tiene varios compromisos tomados, incluido un préstamo que Milei imaginó inexistente, pero que ya en la gestión se dio cuenta que es vital para mantener las esforzadas cuentas nacionales en cierto equilibrio. ¿Con qué privado esperaba negociarlo?

Las metidas de pata de Milei en política exterior son tantas y tan seguido, que la Cancillería hasta llegó a elaborar un extraño paraguas interpretativo, a saber, que una cosa es la política de Estado y otra la opinión presidencial. También en el Ministerio a cargo de las relaciones exteriores lo consideran a Milei con esa paciencia que solo se le tiene a los niños. En el mundo, se sabe, la opinión presidencial es la del Estado y, en líneas generales, tiene más peso que el Estado.

Es un outsider, por eso se le tolera este alineamiento automático y sesgado con los Estados Unidos e Israel, cuando todos los países, incluidos Estados Unidos e Israel, buscan relacionarse con la mayor parte de los países del mundo, evitando cualquier sesgo en los vínculos.

"Quizás en los 90, después de la caída del Muro de Berlín, tenían algún sentido las relaciones carnales con los Estados Unidos. Definitivamente ahora no, cuando el mundo se volvió más complejo, multipolar, cuando el liderazgo de los Estados Unidos es desafiado por la fenomenal economía china y con la India terciando cada vez con más fuerza en el concierto global", dijo a Memo un diplomático que acompañó la gestión del excanciller Guido Di Tella.

Como si eso fuera poco, el Presidente gusta de realizar viajes privados (no de Estado) y participar en reuniones organizadas por los opositores de los gobiernos que visita. Viajó a Estados Unidos y se vio con Donald Trump, no con Joe Biden. Viajará a España y se verá con Santiago Abascal, líder de VOX, evitando a Pedro Sánchez e incluso al rey Felipe.

Los enfrentamientos que tuvo con el Papa, con el presidente colombiano, con el mexicano, no escalan por decisión de ellos, que en todos los casos buscan bajar el tono y entablar una relación que permita apostar al mediano y largo plazo, sin enfrentamientos.

Pero el caso de Diana Mondino ya pasó al Libro Guiness. Se supone que su rol es evitar que las relaciones diplomáticas retomen la normalidad, aunque con China todo le viene saliendo torcido.

Se recordará que cometió la gaffe de reunirse primero con los representantes de Taiwan, la isla reclamada por China. Luego, desde el Gobierno se sembraron dudas acerca de la continuidad de las represas en Santa Cruz, además de habilitar críticas de dirigentes oficialistas en torno a la base china en Neuquén.

Pero Mondino viajó a China acompañada por el viceministro, Pablo Quirno, buscando el perdón de las autoridades chinas, que, aunque tienen la paciencia que les viene por cultura, ya deben estar más que cansadas con Milei y su equipo.

Decir en una entrevista que no fue posible ver otra cosa que chinos vestidos de militares porque "son chinos, son todos iguales" es mucho más que una ofensa. Se trata de una falta de empatía con un pueblo que arrastra 5000 años de historia y tuvo la capacidad de salir de las hambrunas de los años 60 para transformarse la segunda economía mundial. En lugar de aprender de ese gigante, los rebaja: imperdonable.

Mientras tanto, Milei sigue realizando viajes privados, donde se lo premia y felicita por su liderazgo y capacidad de instalar una agenda que ya está en la vidriera de las principales capitales del mundo occidental, agobiadas por la desesperanza, la inmigración y las grandes diferencias sociales.

Este fin de semana, en particular, volará en el avión que compró Alberto Fernández, el Boing 757-254 adquirido en 2022, el AR-1. El expresidente finalmente nunca lo utilizó, aunque sí lo hizo Sergio Massa, justamente para viajar a China.

El Presidente realizará una ponencia en el Milkein Institute, aprovechará para reunirse con el titular de la FIFA, Gianni Infantino, e intentará seguir charlando con el empresario Elon Musk. Es como un viajecito de fin de semana, porque promete estar volviendo al día siguiente. Seguramente no le preocupa su agenda en Buenos Aires, normalmente vacía porque le molestan los compromisos.

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