El otro confinamiento: la venezualización por goteo

Hay una asfixia de sectores y se genera por pequeñas medidas de alto impacto un efecto que deja fuera de circulación la iniciativa privada. Sus posibilidades de crecer quedan bajo el arbitrio de quien gobierna y todo se vuelve una pieza en venta o alquiler en un mercado de lealtades.

Todo lo que huela a comparación con Venezuela ha sufrido un desgaste y cae mal. El abuso del contraste entre lo que se hace en Argentina y que tiene relación con la situación vivida en aquella nación gobernada por el chavismo, ha ocasionado un abandono de los análisis comparativos. Ello, sin embargo, no quiere decir que no se siga un camino común en muchos aspectos y que la finalidad de conseguir una "nueva democracia" controlada solo por un solo sector sea un objetivo, tal como lo vienen sosteniendo voceros del gobierno menos gritones que en el gobierno de Cristina Kirchner, pero con una acción sostenida desde diversas áreas, como por ejemplo, Cultura, tal como Memo lo contara.

Los deseos de la Vicepresidenta eran expresados abiertamente a diario, con sus cadenas nacionales de prepo, sus actos organizados cual Lollapaloozas en cada lugar al que llegaba e imponiéndose en sus tiempos presidenciales con una verborragia que generó tanta crispación, que fue capaz de hacer realidad uno de sus postulados contra sus opositores: "Armen un partido y ganen elecciones". Lo hicieron y le ganaron.

Por eso ahora toda acción ideologizadora actual de parte del sector más rabioso del Gobierno se hace en silencio. Ya no se apela a la excusa rimbombante revolucionaria, ya sea porque se dieron cuenta de que sus ideas de "otra democracia" no vienen desde abajo ni cuajan fácilmente (y podrían cometer el mismo error y atrocidades que en los años '70) o porque prefieren hacerlo desde Puerto madero y El Calafate, a control remoto de los siempre dispuestos a ser carne de cañón a cambio de puestos en el Estado, y sin que genere una reacción abrupta en su contra.

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Solo pensar en que se pueda repetir el fiasco de la Resolución 125 que quebró al Gobierno en 2009 y lo mostró derrotado, les pone la piel de gallina. De allí que la apelación a ser "víctimas" de poderosos, el clásico que motoriza aquí y en Venezuela, tanto como la toma de medidas de encierro nacionalista, se hacen a cuentagotas. Si fuese posible, en silencio. Y por lo tanto, las consecuencias se ven con los hechos consumados y no con grandilocuentes discursos.

Algo así lo reveló Máximo, el que falta empoderar de la dinastía Kirchner, en su mensaje en el Congreso de hace unos días atrás cuando acusó a la oposición de ser los detentores del poder: una insólita creación de un relato que sigue poniendo al poder político como los perseguidos de algún complot mundial y no como ejecutores de todo lo que se hace y sólo víctimas de sus torpezas.

- No hablemos aquí del manejo de la pandemia y sus dislates autoritarios, que no son exclusividad del gobierno nacional, sino que han puesto al descubierto los fascismos acumulados por la historia en la política argentina, cualquiera sea el partido del que se trate en gobernaciones e intendencias inclusive. Hay otros confinamientos, como el de toda la Argentina inmovilizada u obligada a vivir en un encierro frente al mundo.

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- Ya no hay cielos abiertos: En nombre de alguna de las nuevas falsas épicas soberanistas, se privó a miles que no pueden pagar las altas tarifas unilaterales de Aerolíneas Argentinas, la línea estatal para poder volar, de conectarse con otros lugares.

- La política monetaria es una tragicomedia de enredos. Si la Argentina cobrara a cada uno en el mundo que observa cómo aquí se destruye una moneda, tal vez llenaríamos de dólares las arcas del Banco Central.

- Luego de surtirse de todos los lujos importados necesarios, se cerró la importación de "bienes suntuarios", en una política muy pequeña de control de la salida de dólares y que se ciñe más a una campaña propagandística contra los que se hacen ricos fuera del Estado y pueden pagarlos, que como acción reparadora de alguno de los déficits fiscales. Con ello, tampoco se pueden importar elementos que lejos de resultar lujosos, son de bienestar o desarrollo.

- Las trabas a las exportaciones son parte de un juego perverso en el que se castiga al que produce y quiere conquistar al mundo. Suena mal, pero es un problema endémico argentino propio de todos los gobiernos, pero situación en la que al actual modelo parece sentirse cómodo. En el sector privado está el verdadero motor del empleo real y en las exportaciones radica el ingreso de dólares genuinos, pero allí se para la arbitrariedad superior del Estado, decidiendo a dedo a quiénes se les reintegran las retenciones y cuándo.

- En los supermercados ya se siente la ausencia no solo de variedad de productos, sino productos en sí mismos. Solo visto en Venezuela, hasta ahora: góndolas solo llenas de una cosa. Ahora se puede ver aquí.

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- La estigmatización de quien logra hacer riquezas con el esfuerzo personal junto a la eliminación del concepto de meritocracia, para dejarle a quien controla el Estado que decida a quién otorgarle méritos en función de su lealtad, es un factor que lentamente está haciendo efecto. Los empresarios ya tienen un pie afuera, si no los dos. Uruguay empezó a tentarlos y ahora lo hace Chile con una nueva legislación que permite mudar las cuentas y empezar con garantías de estabilidad política y económica que aquí se desconocen.

La arbitraridad es la palabra que lo cruza todo en un modelo como el que se empieza a llenar un vaso gota por gota: el que manda no solo no tolera cuestionamientos, sino que define quiénes deben ganar y quiénes perder. Ya ni siquiera es ideológico (porque hoy se piensa de una manera y mañana de otra, sin ofrecer argumentos), sino que se trata de una cuestión de lealtad o rebeldía.

Y en ese ejercicio, lo novedoso que tiene Argentina para mostrar es la prohibición de las exportaciones de maíz cuyas consecuencias son internas y externas, pero que le permiten al Gobierno ponerse por encima de todos con fuerza.

Hoy, por ejemplo, Brasil definió que no comprará trigo a la Argentina porque (lógicamente) no le ofrece confianza. Lo hará a otros países. Con ello, el Gobierno podría cantar ¡bingo! No entrarán dólares a un país sin moneda nacional, pero parece importar más que eso afecte a los productores para que de rodillas pidan ayuda.

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Parece perverso, pero son las noticias de la realidad.

La democracia (tal como la establece la Constitución y no como la sueña algún gobernante) necesita contrapesos, equilibrios, diálogos.

Si alguien fuera mal pensado, estaría diciendo con mucha argumentación de su lado que se está buscando generar un caos del que ya se sabe quiénes quedarán bien y quiénes, mal.

Sería una tragedia que llegaría como venganza por fracasos del pasado. Un absurdo que se corporiza para condenar una vez más a la Argentina a ser un campo de batalla, solo porque hay gente que cree que del conflicto permanente se puede sacar más provecho que demostrando capacidades de conducción. 

El heroísmo de dar balazos en las piernas para luego regalar muletas y exigir agradecimientos.

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